El Basilisco

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Animal mitológico que se caracteriza por el poder destructor de su mirada, que le convierte en reyezuelo de las sierpes (basilískos, βασιλίσκος en griego es diminutivo de Basileus, rey). En el bíblico libro de Isaías, cuando se profetiza el estado pacífico y la armonía que alcanzarán las criaturas a la llegada del Mesías, se anuncia que «el niño de teta se divertirá sobre la cueva del áspid, y el destetado meterá su mano en la caverna del basilisco» (XI:8). Plinio o Dioscórides entre los antiguos, Alonso López de Corella o Ulises Aldrovandi entre los modernos, fueron describiendo distintos aspectos de tan mortífero animal: que nacía de un huevo que ponen los gallos cuando viejos, que es víctima del poder de su propia mirada reflejada en un espejo, &c. Todavía en tiempos de Feijoo conservaban basiliscos disecados algunos gabinetes de historia natural.


Revista El Basilisco



Portada del primer número de la revista El Basilisco
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Portada del primer número de la revista El Basilisco
Portada del vigésimo número de la revista El Basilisco
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Portada del vigésimo número de la revista El Basilisco

El Basilisco es el nombre adoptado por la Revista de Filosofía que Gustavo Bueno fundó en Oviedo en 1978, revista que desde 1998 es publicada por la Fundación Gustavo Bueno. Entre 1978 y 1984 se editaron 16 números, y en 1989 inició una segunda época, reiniciando su numeración. El último número publicado en 2004 es el 35. Algunos de sus artículos están disponibles en versión digital de libre consulta por Internet.

La presentación de la revista El Basilisco (nº 1, marzo-abril 1978) decía lo siguiente:

«Intentamos con este primer número de EL BASILISCO poner en marcha un antiguo proyecto: la publicación regular de trabajos cuyo común denominador fuera el estar concebidos desde una perspectiva filosófico-crítica (materialista). Con esto decimos ya que nuestra temática no es la temática de la filosofía-filológica (si se quiere, la temática de la filosofía «histórica») -sin que, por ello, queramos excluirla: la incluimos, pero como un material más sobre el cual se instituye la reflexión filosófica del presente. No solamente Aristóteles, Kant o Hegel; sino también Euclides, Carnot o Lenin interesan a la filosofía materialista. No solamente la sustancia, el Noúmeno o el Espíritu objetivo; sino también los poliedros regulares, las máquinas térmicas o la Revolución son asuntos de la filosofía, tal como la entendemos.


En este sentido, nuestra «temática» es virtualmente universal, y lo que confiere unidad a nuestro proyecto es el modo (filosófico) de tratarla. Nuestra temática es el conjunto de todas las categorías (políticas, económicas, físicas, biológicas...) y nuestro objetivo es analizar las Ideas que en aquellas se realizan, teniendo en cuenta, evidentemente, las formulaciones de estas Ideas que la tradición filosófica nos ha ofrecido y en la cual estamos enmarcados.
Sin duda, pretendemos mantener una línea característica en nuestros modos de análisis, pero esto no significa que concibamos EL BASILISCO como órgano exclusivo de expresión de nuestros métodos. Reservaremos siempre un espacio para todos aquellos que, aún desde posiciones o modos opuestos a los nuestros, quieran utilizar nuestras páginas para hacer oír su voz.
Hablamos desde Oviedo -pero no se trata de hacer una publicación al servicio exclusivo de quienes, en torno a EL BASILISCO trabajamos en Asturias. Tan próximos a nosotros estarán quienes trabajan a cientos de leguas de aquí en el momento en que se asocian a nuestro proyecto.
Nuestro emblema es el emblema de la antigua dialéctica: EL BASILISCO, que tritura con su mirada todo aquello que tiene a su alrededor, el animal ctónico que está más cerca de Plutón y Proserpina, de la Tierra, que de Júpiter y Minerva, los dioses celestiales. También nosotros quisiéramos triturar, y aún reducir a cenizas, si nos fuera posible -porque no siempre lo es- lo que nos rodea: no precisamente para aniquilarlo por el placer de destruirlo, sino para entenderlo, con la esperanza de que las cenizas resultantes de nuestra crítica puedan transformarse, protegidas por Proserpina, en el humus de una floración siempre renovada.»


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