Enrique de Gante

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Enrique de Gante (1217-1293) conocido como Doctor Solemnis. Enseñó en la universidad de París (es uno de los pocos que no pertenece a ninguna orden religiosa) y colaboró con Esteban Tempier en la condenación del averroísmo en 1277. Durante mucho tiempo la historiografía contemporánea le consideró un autor sin importancia, descubriéndose posteriormente que sus doctrinas influyeron decisivamente en autores como Duns Escoto. Entre esas tesis cabe destacar la doctrina del conocimiento o la teoría del ser propio. Mantuvo polémicas con Egidio Romano, defendiendo la teoría de la pluralidad de las formas frente a la unidad tomista.

El último gran maestro secular en París en la segunda mitad del siglo XIII (junto con Godofredo de Fontaines), Enrique es autor de una monumental, aunque incompleta, Summa (la parte «De creaturis» falta por completo, aunque era parte del plan general de trabajo), 15 Quodlibeta, un breve comentario sobre el libro del Génesis (Lectura ordinaria super sacram Scripturam), así como un extenso tratado sobre la cuestión de los privilegios de la confesión (Tractatus super facto praelatorum et fratrum).

«Durante algún tiempo, Enrique de Gante ha sido considerado como una figura de escasa importancia en el pensamiento medieval; en las últimas décadas, sin embargo, los estudios realizados sobre él han mostrado que no sólo su doctrina tiene considerable originalidad e importancia, sino que también influyó grandemente sobre otros varios pensadores, entre ellos Duns Escoto, y que hasta el siglo XVIII hubo polémicas en torno a sus tesis. En el siglo XVI la Orden de los sevitas lo consideró como su doctor, pero se ha mostrado que el propio Enrique de Gante no perteneció a la Orden. No es fácil exponer su doctrina a causa de los muchos elementos de que se compone. Por haber en ella temas aristotélicos, agustinianos y avicenianos se ha llamado con frecuencia a su autor un filósofo ecléctico, situado entre el aristotelismo y el agustinismo, sin adherirse a ninguno de ellos, aun cuando con preferencia por ciertas soluciones agustinianas. Sin embargo, la consistencia interna del pensamiento de Enrique de Gante es suficientemente sólida para que si se le considera un ecléctico no se interprete este calificativo como indicando mera yuxtaposición de diversas doctrinas. Nos referiremos a algunas de las que se destacan del complejo conjunto doctrinal. Ante todo, a la doctrina del conocimiento. Éste es concebido como una iluminación divina concedida por Dios al hombre, lo cual supone que el conocimiento natural por sí es insuficiente, aun usando todos los grados de abstracción, y explica la frase, de tendencia aparentemente escéptica (bien que de un escepticismo referido a una sola fuente), con que comienza su Summa: "¿Sabe el hombre algo?" Ello no significa que se rechace por entero el conocimiento sensible. Pero este conocimiento es objeto solamente de la física, la cual procede por abstracción de lo singular a lo universal. La metafísica, en cambio, comienza con lo universal y es la única que puede descubrir lo inteligible. Fundamental es a este respecto la citada iluminación. Por ella se hace posible concebir el ser como ser. Este ser puede referirse al creador o a las criaturas, aunque no en sentido unívoco. Importante es en la doctrina de Enrique de Gante su teoría del ser propio a una entidad en sí misma: es la esencia o, mejor dicho, el ser de la esencia (esse essentiae). Este ser de la esencia permite distinguir entre un ser que posee realidad objetiva y un ser tan sólo mental. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que tal ser de la esencia es un ser de ésta en cuanto tal y no una naturaleza de la existencia. En lo que se refiere a esta última Enrique de Gante la explica como una posibilidad actualizada por su causa. Por otro lado, no hay (contra Egidio Romano) distinción real entre la esencia y la existencia; tal distinción es meramente intencional. Característico de la filosofía de Enrique de Gante es la tesis de que el principio de individualización consiste en una doble negación: negación de división intrínseca y negación de la identidad de un ser con respecto a otros seres. Típico de ella es también la tesis de que la materia no es una pura potencia; la materia tiene también, pues, esse essentiae. Por eso hay que rechazar, según nuestro autor, el hilemorfismo en todos los entes y afirmar la doctrina de la pluralidad de las formas en los seres materiales. En vista de todo ello Esteban Gilson ha caracterizado la filosofía de Enrique de Gante como una de las formas del agustinismo avicenizante. El agustinismo resulta patente en la doctrina de la iluminación, y en la explicación del mundo de las existencias como resultado de la creación; el avicenismo, en la teoría de las esencias.» (José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía (http://filosofia.org/enc/fer/fer.htm))

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