España

De Enciclopedia Symploké, la enciclopedia libre.

Juan de Herrera. Monasterio de El Escorial (http://ies.galileogalilei.alcorcon.educa.madrid.org//departamentos_didacticos/materiales_curriculares/historia/ARTE18RENACIMIENTOESPANIA_ARQUITECTURA.html)
Aumentar
Juan de Herrera. Monasterio de El Escorial (http://ies.galileogalilei.alcorcon.educa.madrid.org//departamentos_didacticos/materiales_curriculares/historia/ARTE18RENACIMIENTOESPANIA_ARQUITECTURA.html)
Litografia del Quijote. Por Gustavo Doré
Aumentar
Litografia del Quijote. Por Gustavo Doré
¿España existe? Para quienes responden que no, podría haber dos entonaciones: apelativa o representativa. Es decir, con la voluntad innegable de separarse por los hechos, no sólo de palabra, de una España impotente, en el primer caso; la segunda, aquella que pretende representar la inexistencia de España en distintos presentes, como serían 1492 (expulsión de los judíos), 1808 (invasión napoleónica), 1898 (pérdida de los restos del Imperio) y 1936-1975 (régimen franquista), cuando en realidad estas fechas no fueron sino consolidaciones y transformaciones de la realidad española: expulsión de los judíos más fanáticos e intransigentes (la mayoría aceptó ser cristianos, como señalaba Benito Espinosa), caída del Antiguo Régimen y transformación de España en nación política o incluso consolidación de España como potencia capitalista durante el régimen de Franco, respectivamente.

¿España amenazada? Evidentemente.

Las amenazas más estudiadas por Gustavo Bueno son las que se refieren específicamente a España, tanto exteriores como interiores. El primer caso definiría al 11-M, en tanto que amenaza no ya dada por la guerra de Iraq (versión oficial y sectaria del PSOE para intentar seguir en el poder a toda costa) sino por el deseo del Islamismo radical por conseguir recuperar Al-Ándalus, auténtica actualidad para los musulmanes (con posible colaboración de Francia en su intento secular, desde 1808, de acabar con España). Y en las amenazas interiores destacan quienes amenazan formal y objetivamente a España, y quienes la desprecian, sobre todo personas ligadas biográficamente a la Iglesia católica, que no duda en perjudicar a los Estados para imponer su política ecuménica (ETA nació en un seminario, como bien recuerda Bueno). Y por supuesto, también las de quienes, desde su panfilismo, defienden alianzas de civilizaciones.

España es nación política desde la constitución de Cádiz, de la izquierda liberal, y los intentos por negar esa nación no provienen sino de aquellos que pretenden volver a la situación de privilegios propia del Antiguo Régimen. Así, del «¡Muera la nación y vivan las cadenas!» de la ominosa década se pasa al carlismo ultramontano, inspirador del secesionismo racista vasco de Sabino Arana y del actual PNV, y también de otros partidos como ERC. Desde la pretensión de convertir en naciones políticas a las distintas autonomías, se está produciendo un intento de balcanización y de destrucción de España, pues las nuevas naciones serían incompatibles con España, que nunca sería «nación de naciones» salvo en las fabulaciones de Solé Tura y otros.

Es precisamente la segunda generación de izquierda, los liberales españoles, quienes definen a España como nación, siendo los «españoles que viven en ambos hemisferios» considerados de forma independiente de su origen social o linaje. Las demás generaciones de izquierda mantendrán una situación de mayor alejamiento respecto a España, bien porque su objetivo es negar todo Estado (anarquistas), o bien porque consideran España como un paso previo hacia otra situación superior (socialistas y comunistas), que convierte la reivindicación de España como algo subsumido a las posiciones estratégicas del partido. Por lo tanto, que el PCE pasase de la defensa de España durante la guerra civil a defender el «derecho de autodeterminación de los pueblos» durante el franquismo, no sería por traición a España, como pretende César Alonso de los Ríos, sino por exigencia de la Unión Soviética.

¿Existe, en el presente, una cultura española? Es sin duda una de las preguntas más enjundiosas. Y es que en ella están muchas de las claves de la identidad española, negada precisamente por los secesionistas, quienes se basan en distintas «señas de identidad» (el aurresku, la butifarra) para afirmar que hay cultura vasca o catalana, pero no española. Sin embargo, un rasgo meramente distintivo, como el aurresku, no puede convertirse en constitutivo, en sustancia de una supuesta «cultura vasca». Además, las esferas culturales no permanecen aisladas y uniformes, sino que se desarrollan históricamente y unas engullen a otras. De hecho, la cultura española se difunde entre todas las culturas específicas de España, de tal modo que sólo los catalanes conocen La Atlántida de Verdaguer, pero el Poema de Mío Cid se entiende en Madrid, en Cataluña, Vasconia, Galicia... y en las repúblicas hispanoamericanas y parte de Estados Unidos, área de difusión distributiva de la cultura española y que define su identidad, desbordando claramente su recinto peninsular.

¿España es Europa? Aquí Bueno señala que el concepto de Europa es esencialmente geográfico, y sólo tras los distintos descubrimientos de América y la profundización en Asia puede hablarse del concepto de Europa definido en sus límites. Culturalmente, España es Europa mucho antes que Francia o Alemania, cuyos habitantes vivían en la barbarie mientras la romanización se consolidaba en la Península Ibérica. De hecho, Bueno realiza una taxonomía de cuatro posibles Europas: la Europa sublime, la vanguardia del Género Humano (la de Andrés Laguna o Edmundo Husserl); Occidente, como civilización al margen del resto del mundo; la Europa sin fronteras, la unión monetaria y aduanera, un invento de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para frenar el comunismo; y la Europa política, el resultado de la división del Imperio Romano en distintos reinos enfrentados en una jungla de Estados o biocenosis, donde todos han querido siempre lo mismo, dominar al resto. La confluencia de estas distintas versiones de Europa sería la actual «Europa de papel», el Tratado Constitucional de Europa que no puede ir más allá de los firmados en Maastricht o Niza: el artículo 80 del Tratado establece que cualquier estado firmante puede retirarse del mismo cuando quiera. José Manuel Rodríguez Pardo (http://www.nodulo.org/ec/aut/jrp.htm), «Contraataque frente a las mitologías que amenazan a España» (http://www.nodulo.org/ec/2005/n045p24.htm)


Enlaces de interés

enciclopedista

Valid XHTML 1.0 Transitional