Fin

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Idea sincategoremática. El fin es siempre «fin de algo», y sólo por referencia a este «algo» cobra significado. Llamaremos «referente» a ese algo que pueda ser pensado como soporte o sujeto lógico de un fin. Un algo o referente al que se le pueda atribuir algún modo de finalidad es una multiplicidad simultánea o sucesiva. Y, como tal multiplicidad, en tanto que unificada, tomará la forma (precisamente a través de la idea de fin) de una totalidad, que tendrá lugar en situaciones en las cuales la multiplicidad se unifica en función de un término o conjunto de términos que siendo «externo» a ella misma. La identificación (sintética puesto que procede de la «exterioridad» del referente) entre la determinación externa del referente y la unidad interna de la multiplicidad de sus partes constituye, según nuestra propuesta, el mismo contenido de la idea de fin. El fin se opone a lo des-ordenado, a lo in-definido o in-determinado, a lo amorfo, caótico al azar; y, por ello, a pesar de las pretensiones del «arbitrarismo» de la libertad de la voluntad, cabe reconocer un nexo profundo entre la finalidad y la necesidad.

Si el referente de un fin ha de ser siempre una multiplicidad, se comprende que un referente definido como una entidad simple (tal como el punto en Geometría, o Dios en Teología) perderá su condición de referente teleológico. Lo que tiene fin, asimismo, es decir, el referente, ha de ser finito, es decir, no in-finito; y finito significa aquí determinado entre algunas de las alternativas posibles (procesuales o contextuales) que pueden ser ilimitadas. La idea generalísima de fin puede modularse de muy distintas formas. Además, siempre que hablamos de un fin determinado, tendremos que hacerlo a través de alguno de sus modos.

La causa final que delimita la sustancia en la doctrina de Aristóteles corresponde al fin o la meta a la que una cosa tiende. Aristóteles tiene una visión del mundo de carácter teleológico, finalista. En la Edad Moderna la causa final fue desechada por metafísica. En el sistema aristotélico la finalidad es clave, en tanto que los seres inertes, como los vivos, tienen como fin desarrollar su perfección o entelequia. El auge del mecanicismo en la Edad Moderna provocará la discusión acerca de si los seres vivos, las naturalezas, tienen alguna finalidad. Kant no llegará a conclusión alguna al respecto, aunque en la Crítica del Juicio afirme que es necesario suponer que hay un fin final al que todos los seres tienden.

En general, puede decirse que sólo los sujetos corpóreos pueden realizar acciones teleológicas, es decir, destinadas a conseguir un fin, como puede ser la fabricación de un hacha, a base de modelos pretéritos. Las conductas operatorias orientadas hacia unos fines (los futuros proyectados) implican el desarrollo de normas y reglas que envuelven la distinción y semejanza con otras situaciones ya dadas anteriormente, lo que presupone la presencia de modelos ya realizados. Por ejemplo, no es la representación de un objeto futuro aquello que guía la ejecución de conductas operatorias orientadas hacia unos fines, sino la representación de un objeto presente que ya haya sido percibido. Sólo retrospectivamente podremos afirmar que el objeto pretérito es una anticipación (prolepsis) del objeto futuro.

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