Genealogía de la Literatura

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Poema de Gilgamesh (2.500-2.000 a.n.e.)
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Poema de Gilgamesh (2.500-2.000 a.n.e.)
Divina comedia (Dante Alighieri, 1304-1321)
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Divina comedia (Dante Alighieri, 1304-1321)
Los cuentos de Canterbury (Geoffrey Chaucer, 1478)
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Los cuentos de Canterbury (Geoffrey Chaucer, 1478)
Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (Félix Lope de Vega, 1609)
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Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (Félix Lope de Vega, 1609)
Fausto (, 1808)
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Fausto (Juan Wolfgang Goethe, 1808)
La ciudad y los perros (Mario Vargas Llosa, 1962)
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La ciudad y los perros (Mario Vargas Llosa, 1962)

Por Jesús G. Maestro (http://jesus-g-maestro.blogspot.com.es/)

Los poetas han ignorado con frecuencia la filosofía a la hora de escribir la literatura de sus poemas. Siguiendo su ejemplo, los malos intérpretes de los materiales literarios también han ignorado con frecuencia lo que la filosofía es, jactándose incluso de pertenecer a una presunta tradición en la que la filosofía y la literatura se menosprecian mutuamente.

De forma inequívoca Platón consideraba que la Literatura es un discurso incapaz de objetivar sistemas críticos de ideas. Para Platón, Retórica, Poética y Literatura son relativamente lo mismo: un discurso solo sensible, pero no inteligible. Se trata de algo que suena bien, pero que no dice nada. Platón, como Aristóteles, como Benito Espinosa, y como muchos otros filósofos racionalistas, no pueden comprender el sentido de versos como éstos, en los que Juan Ramón Jiménez habla de un Dios azul:

Dios está azul. La flauta y el tambor

anuncian ya la cruz de primavera.


Platón no podría concebir de ninguna manera que Dios esté azul, porque en su Filosofía no cabe la Literatura sofisticada o reconstructivista, sino que solamente cabe una Literatura programática o imperativa. La Literatura crítica o indicativa no se tolera en la República platónica, y ya no por literaria o poética, sino por crítica o heterodoxa.


Modos evolutivos de la genealogía literaria

La cita con la Literatura sofisticada o reconstructivista constituye el estadio más adecuado de la Genología de la Literatura para explicar la construcción final de las cuatro familias constituyentes del genoma literario:

1. Literatura primitiva o dogmática: aquella que se construye sobre saberes pre-racionales y acríticos. Es el caso del Poema de Gilgamesh, la Biblia o el Corán.

2. Literatura crítica o indicativa: estructura saberes racionales y críticos. A este grupo pertenecen obras como los Cuentos de Canterbury de Chaucer, la Divina comedia de Dante Alighieri, La Celestina de Fernando de Rojas, Lazarillo de Tormes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes, La Regenta de «Clarín», Tiempo de silencio de Luis Martín Santos…

3. Literatura programática o imperativa: se despliega sobre la preceptiva de una combinación o yuxtaposición de saberes racionales y acríticos. Es el caso del Quijote de Avellaneda frente al Quijote de Cervantes, el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo de Lope de Vega, los autos sacramentales de Calderón, el teatro épico de Bertoldo Brecht, o el Emilio de Rousseau.

4. Literatura sofisticada o reconstructivista: se diseña a partir de la amalgama de saberes críticos que simulan ser lúdica o inocentemente irracionales o pre-racionales. Creacionismo, surrealismo y dadaísmo, por ejemplo, son pura literatura sofisticada o reconstructivista, al igual que la poesía de William Blake o Rainer-Maria Rilke, la narrativa de Franz Kafka o Jorge Luis Borges, y el teatro de Eugène Ionesco o Fernando Arrabal.

Dos han sido los mecanismos o procedimientos que los materiales literarios han desarrollado formalmente en su evolución genealógica:

a) En primer lugar, ha habido materiales literarios que han sido sometidos a rigurosos procesos de codificación, objetivados en preceptivas de carácter dogmático, y que en consecuencia se han conservado y perpetuado en estructuras muy sólidas y rígidas, que al fin y al cabo los han preservado histórica e incluso genealógicamente. Este es un procedimiento coagulante o consolidante de los materiales literarios, que en última instancia podríamos calificar de preservativo y conservador. Es el mecanismo que caracteriza sobre todo a la Literatura primitiva o dogmática y a la Literatura programática o imperativa: novela es el relato de la historia de un antihéroe (Cervantes), poesía es la creación de una realidad formalmente alternativa (Huidobro) o un «arma cargada de futuro» (Celaya), teatro es el arte de narrar un drama (Brecht). La consecuencia fue el inventario de los diferentes tipos de Literatura programática o imperativa que, con frecuencia, han dado lugar a obras literarias precintadas sobre sí mismas o a sistemas literarios definidos por su capacidad para clausurar toda posible transformación de sus partes esenciales, como estructuras o preceptivas diseñadas para proscribir e invalidar cualquier desarrollo ajeno a su propio horizonte de expectativas, como el Génesis veterotestamentario o el Apocalipsis de Juan, la literatura de los libros de caballerías del Renacimiento o la comedia nueva de Lope, la tragedia jansenista francesa del XVII, la poesía creacionista de las vanguardias o el teatro épico de Bertoldo Brecht.

b) En segundo lugar, hay materiales literarios que se han concebido y desarrollado desde la pugna más explícita o desde la dialéctica mejor simulada posible contra todo intento de preservación preceptiva, programática o dogmática. Este tipo de Literatura ha desencadenado procedimientos abiertamente cambiantes y transformadores, no solo por la necesidad de «agudizar el ingenio» a la hora de expresarse y sortear la interdicción poética, sino ante todo por la extraordinaria capacidad de sus autores para construir sistemas literarios de interpretación muy superiores a los preexistentes o vigentes en su tiempo. El modo operativo de la transducción, o transmisión con transformación, está en la base generadora de la Literatura crítica o indicativa y de la Literatura sofisticada o reconstructivista. La consecuencia es la expansión y difusión de los materiales literarios a través de la crítica, mediante la elaboración e interpretación de obras que instituyen nuevos horizontes de expectativas, particularmente en el caso de la Literatura crítica o indicativa (Divina comedia, Los cuentos de Canterbury, Lazarillo de Tormes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, Faust, Woyzeck, Madame Bovary, Crimen y castigo, El hombre sin atributos, La ciudad y los perros…), así como la génesis, en el caso de la Literatura sofisticada o reconstructivista, de obras de arte verbal inconcebibles al margen de la combinación y de la transformación de materiales preexistentes (Rabelais, el culteranismo gongorino, Blake, Yeats, Verlaine, Baudelaire, Los cantos de Maldoror, Leopardi, la estética del esperpento valle-inclaniano, la Primera antología poética de Juan Ramón Jiménez, la novela intelectual de Pérez de Ayala, creacionismo, ultraísmo, surrealismo, dadaísmo, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, la narrativa de Kafka, Borges, Cortázar, la obra poética de Luis Alberto de Cuenca…)

Las especies de un género pueden concebirse de forma distributiva o porfiriana, mediante taxonomías y tipologías, tomando como referencia la especie; pero también pueden interpretarse de forma atributiva o plotiniana, es decir, identificando un orden genético entre ellas, lo que equivale a tomar como referencia el género.

Si se aplican estos criterios a la Genealogía de la Literatura se constata, en primer lugar, que la Literatura primitiva o dogmática se desvanece en la Historia, tras haber dado lugar a una serie de obras que resultan fosilizadas ante el paso del tiempo.

En segundo lugar, se advierte que la Literatura programática o imperativa resulta objetivada en materiales literarios específicos, es decir, en obras literarias en las que se objetivan los rasgos de especies literarias que constituyen en sí mismos tipos y prototipos preceptivos de cómo ha de ser una determinada forma programática de hacer literatura, la cual se agotará en su propio horizonte de expectativas.

En tercer lugar, se observa que la Literatura crítica o indicativa opera desde la proliferación de obras literarias que fructifican constantemente, interactuando con su entorno e incluso contra él, es decir, que se reproducen de forma generadora y regeneradora a través del ejercicio crítico y dialéctico de la totalidad de los materiales literarios enfrentados con el mundo interpretado.

En cuarto lugar, la Literatura sofisticada o reconstructivista procede por agrupamiento, esto es, por composición o recomposición, de materiales literarios relativamente preexistentes, y a los que confiere y otorga una formalización literaria original, singular e inédita. La Literatura sofisticada o reconstructivista da lugar con frecuencia a obras de «orfebrería literaria», es decir, a materiales literarios de diseño.

Si se aplican a la Genealogía de la Literatura los modi sciendi señalados por Gustavo Bueno en su Teoría del cierre categorial, la correspondencia que se establece es de absoluta nitidez.

1. En primer lugar, la Literatura primitiva o dogmática se desarrolla conforme a procedimientos determinantes, es decir, construye Términos a partir de Términos preexistentes (T < T), de tal modo que, a partir de un momento dado de la Historia, detiene su producción literaria y se desvanece, ya que no puede disponer de Términos o materiales literarios nuevos.

2. En segundo lugar, la Literatura programática o imperativa procede según mecanismos estructurantes. Siguen el sistema operativo de las clasificaciones programáticas, que dan lugar a Términos a partir de Relaciones (T < R).

3. En tercer lugar, la Literatura crítica o indicativa se construye mediante procedimientos operativos que constituyen Relaciones a partir de Términos (R < T). Su objetivo no es la determinación, ni tampoco la estructuración preceptista, sino la configuración de un Modelo operativo, que partiendo de términos (T) se construye sobre relaciones (R), en torno al cual se contextualizan y solidarizan complejos sistemas de ideas críticas y dialécticas. Es el caso de estructuras literarias como la Ilíada y la Odisea, la Divina comedia, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha o Faust, obras que constituyen modelos estéticos o cánones históricos de lo que la Literatura es.

4. Por último, en cuarto lugar, la Literatura sofisticada o reconstructivista se objetiva formalmente a través de procedimientos predicativos, explicativos o descriptivos, es decir, dispone la construcción de nuevas Relaciones a partir de Relaciones ya existentes (R < R), con frecuencia en ámbitos propios de un mundo arcaico o numinoso, antiguo o mitológico, imaginario, extraordinario, fantástico o incluso irracional, pero siempre recuperado de forma crítica y, por supuesto, racionalista. Dadaísmo, ultraísmo, futurismo o surrealismo no han dado lugar a una descendencia que los iguale o supere; nadie imita, tras el siglo XVII, la tragedia jansenista de un Racine, y ni siquiera los admiradores gongorinos del 27 pretendieron rehabilitar el culteranismo en la creación poética contemporánea. Las Literaturas primitiva y programática son determinantes, la Literatura crítica es operatoria, y la Literatura sofisticada es demostrativa.


Lo sensible y lo inteligible

La Literatura sofisticada o reconstructivista ha estimulado intensamente el deseo y la satisfacción de las interpretaciones psicológicas (M2) de los materiales literarios frente a la necesidad y la exigencia de las interpretaciones lógicas (M3). La literatura sofisticada o reconstructivista ha hecho creer a muchos lectores, y también a muchos críticos, que la Literatura es una cuestión de sentimientos más que de inteligencia, del mismo que la Literatura programática o imperativa se ha presentado ante muchos destinatarios e intérpretes como una cuestión de solidaridad, de compromiso o de ideología. La Literatura sofisticada o reconstructivista puede y debe ser interpretada conceptualmente (M3), pues solo gracias al análisis lógico y objetivo de sus materiales puede gnoseológicamente identificarse y examinarse como tal. Cabe afirmar que la Literatura es la más sólida y atractiva alianza que ha existido jamás entre la Poética y la Razón humanas. Si la Poética y la Razón se disociaran o divorciaran, la Literatura perecería.

En consecuencia, las interpretaciones de los materiales literarios (M1) pueden ser de dos tipos: sensibles (M2) e inteligibles (M3). Toda interpretación que no rebase el umbral fenomenológico o psicológico (M2) de los hechos, en este caso, de los materiales literarios (M1), resultará una interpretación sensible, con frecuencia de naturaleza epistemológica (objeto / sujeto), carente de fundamentos críticos que permitan articular una interpretación inteligible en términos conceptuales y lógicos (M3), lo suficientemente desarrollados como para adentrarse en una gnoseología (materia / forma). Las interpretaciones sensibles suelen ser fuente de idealismos, al incurrir en una hipóstasis de las formas. Por su parte, las interpretaciones que aquí denominaré inteligibles exigen siempre como premisa una realidad material, de la que no se desprenden en ninguna de sus valoraciones ni conclusiones. La gnoseología nunca pierde de vista la realidad; la epistemología ilusiona toda visión de la realidad, convirtiendo a esta última en un espejismo.

Sucede que las interpretaciones sensibles (M2) pueden ser de dos tipos: irracionales o racionales. Son irracionales si se basan en el mito, la magia o la religión (numinosa o mitológica); y son racionales si la sensibilidad que interpreta se apoya en la psicología subjetiva, el sobrenaturalismo formalista o el animismo poético (animales que hablan, volcanes que dialogan con el ser humano…). A su vez, las interpretaciones inteligibles (M3) pueden ser críticas o acríticas. Son críticas si se basan en la Crítica, la Ciencia y la Filosofía; y serán acríticas si se apoyan en ideologías, pseudociencias o religiones teológicas.

La posmodernidad se mueve básicamente entre las interpretaciones irracionales de los materiales literarios (mito, magia y religión) y las interpretaciones acríticas (ideología, pseudo-ciencia y teología enmascarada de nihilismo). Las teorías literarias formalistas, desde la escuela morfológica alemana hasta el neoformalismo francés, pasando por el formalismo ruso, han situado siempre sus premisas en las interpretaciones inteligibles y críticas, de claro fundamento crítico, científico y filosófico, aunque en algunas de sus manifestaciones hayan incurrido posteriormente en interpretaciones sensibles y racionales, desembocando sobre todo en la psicología (estilística, new criticism, estética de la recepción, semiología…) o en la sociología: corrientes marxistas, pragmática literaria… (Extracto de Jesús G. Maestro, «El Dios de los poetas» El Catoblepas 131:8, 2013) (http://nodulo.org/ec/2013/n131p08.htm)


Véase también:


Enlaces de interés

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