Germán Ulrici

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Hermann Ulrici (1806-1884) nació en Pförten (Lausacia Inferior), estudió en Halle y en Berlín, y fue desde 1834 «profesor extraordinario» en la Universidad de Halle. En 1847 se encargó de la dirección de la Zeitschrift für Philosophie und philosophische Kritik, fundada por Manuel Hermann Fichte en 1837 con el nombre de Zeitschrift für Philosophie und spekulative Theologie.

Como Manuel Hermann Fichte (el hijo de Juan Teófilo Fichte) y Christian Hermann Weise, Ulrici fue uno de los defensores de la corriente llamada «teísmo especulativo». En oposición a Hegel —tanto a su dialéctica como a lo que consideraba su orientación panteísta— Ulrici parte de lo que llama «la experiencia», la cual entiende en un sentido muy amplio, pues incluye, y aun destaca, la «experiencia» de los fenómenos «metapsíquicos», y afirma que esta experiencia es elaborada por medio del pensamiento, el cual opera una diferenciación o, mejor dicho, una serie de diferenciaciones —diferencia entre sujeto y objeto, entre objetos entre sí. El pensamiento diferencia y determina la experiencia por medio de dos leyes: la ley de identidad y la de no contradicción, por un lado, y la ley de causalidad, por otro. Organizada mediante estas leyes, la experiencia es, además, elaborada mediante una serie de categorías. Estas se dividen en categorías primarias y categorías derivadas. La categoría primaria suprema es la de «lo pensable», y a ellas siguen categorías como las de ser, unidad, diferenciación, etc. Las categorías derivadas son categorías como las del concepto y el juicio. Aunque tanto las leyes del pensar como las categorías son a priori, ello no quiere decir que engendren la experiencia, pues ésta permanece siempre como una realidad de hecho.

Desde el punto de vista metafísico la realidad se halla, según Ulrici, formada y determinada por una fuerza a la vez primaria y suprema de carácter divino; es una fuerza espiritual y autoconsciente. Esta fuerza ha creado el mundo de acuerdo con ciertos fines y mantiene el mundo dentro de sí misma. Con ello Ulrici piensa que puede evitar el panteísmo, pero al mismo tiempo una concepción de Dios excesivamente «trascendente» a la realidad creada.


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