Jordán Bruno

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Jordán Felipe Bruno (1548-1600). Filósofo italiano nacido en Nola (Nápoles), acusado de herejía y quemado por la Inquisición.

Tabla de contenidos

Vida

Ingresó en los Dominicos, pero fue acusado de herejía, llevando desde entonces una vida azarosa que culminaría con su condena y ejecución por la Inquisición en 1600, al no haberse retractado de sus doctrinas.

También es conocido por «El Nolano». Acabó colgando los hábitos al tener problemas con la Escolástica, siendo siempre una personalidad conflictiva, con opiniones heterodoxas, un polémico; hasta tal punto, que esto le puso ante el Tribunal de la Inquisición. Su obra está escrita en toscano (italiano) y en latín: ciertas especulaciones querían ser puestas al alcance de esa nueva clase social emergente que era la burguesía urbana, y para ello se escribían en lengua nacional.

Comienza a ser perseguido en 1576, con 28 años, cuando tiene que escapar de Italia. En Ginebra polemiza también con los calvinistas. En su primera estancia en París, enseña el arte de la memoria (mnemotecnia), a la cual atribuye mucha importancia (influencia de Platón: saber como recordar). En Oxford enseña y redacta en dos años los Diálogos italianos. Vuelve a París (Sorbona), donde hay una hostilidad feroz con los aristotélicos. En sus viajes construye su doctrina.

Un conde veneciano le invita a su palacio para aprender magia; lo que le interesa es que le enseñe procedimientos de transmutación y alquimia, a lo que Bruno se niega, y éste, en venganza, le denuncia ante la Inquisición. Su primer proceso, en 1592 (dura 7 años más). En 1600 es quemado vivo al negarse a retractarse de sus opiniones.

Sus obras principales son: De la causa, principio y uno y Del infinito universo y sus mundos. Algunas están escritas en forma de diálogos. Fueron escritas en italiano y en latín.

Doctrina

Bruno sostuvo una doctrina en la que el universo no tiene un fin y en la que Dios, entendido en un sentido panteísta, es la unidad y la vida de la naturaleza, siendo la materia como el cuerpo del alma. Siendo el universo ilimitado e infinito, la revelación pudo haberse producido en otros mundos, no sólo en La Tierra, afirmación que fue causa principal de su condena.

Naturalismo panteísta

Bruno se caracteriza, entre otras cosas, por las inspiraciones, temas y desarrollos de los mismos, de carácter muy variado. Nos fijaremos en su naturalismo y en las consecuencias sui géneris que de su panteísmo se derivan. Sus inspiraciones son diversas e incluso contradictorias. Por un lado, su inspiración es neoplatónica. Causa, principio y Uno es su obra fundamental, que se desarrolla según el esquema neoplatónico clásico: del Uno emana la Naturaleza. El Uno del que emanan todas las hipóstasis es un principio vital. En Bruno el esquema neoplatónico ha de convivir con su defensa del sistema heliocéntrico. (Para algunos esto es contradictorio). Bruno defiende un heliocentrismo obstinadamente; más que Copérnico. En el sistema de hipóstasis, la Tierra ocupa un lugar central. Hay más ejemplos que muestran cómo Bruno está influenciado por corrientes opuestas: encontramos ejemplos de atomismo en sus escritos. Hay también cierta influencia de Demócrito. Sin embargo, en otros textos, encontramos continuidad (discontinuidad de los átomos).

Su pensamiento es un conjunto de ideas tradicionalmente disociadas. Tiene una visión de la Naturaleza según la cual las cosas se unifican en virtud de una empresa, de una «esencia común», entendida de un modo místico, mágico. El mundo se constituye de una confrontación de contrarios. Estas ideas se globalizan. La Naturaleza sería un ser viviente con el cual los hombres tenemos una relación de carácter mágico. Podemos influir sobre ese ser vivo por procedimientos no necesariamente racionales. La Naturaleza es animada por fuerzas similares a nuestras fuerzas de conocimiento y acción. Nosotros podemos influirlas, por ejemplo, mediante fuerzas de «simpatía». Esta concepción tiene un precedente en la tradición hermética mágica, que está presente ya en el neoplatonismo de clásicos como Marsilio Ficino (s. XV, de la Academia Fiorentina, fundada ésta por los Medici).

Ficino sostiene que la filosofía platónica puede ser reexpuesta en términos herméticos. Pico della Mirandola opina del mismo modo. Bernardino Telesio (1505-1588), contemporáneo de Bruno, es también un naturalista. Considera que las fuerzas de la Naturaleza brotan del interior de la misma. Es un precedente del panteísmo de Bruno. Estas fuerzas proceden de un animismo profundo. Se trata de fuerzas intrínsecas, no extrínsecas. Ésta también sería la clave de Bruno, pero ligado a la tradición del neoplatonismo como animismo.

Las matemáticas sirven para interpretar el Mundo, pero no entendidas de modo científico, sino metafísicamente. Son esencias metafísicas. En los números N funcionan ideas metafísicas, como la de «mínimo». El Uno es el principio de unas realidades; el Dos, de otras; el Diez, de otras, etc. Los números son esencias de las cosas (Pitagorismo). A este aspecto hay otra serie de discusiones. Así Butterfield, en Los fundamentos metafísicos de la Ciencia, sostiene que existen fundamentos metafísicos en la Física. Por el contrario, Armstrong, en Método científico y metafísica, se opone explícitamente a éste y explica que la metafísica no constituye ningún tipo de metodología en las ciencias. Cuando Bruno es procesado, los asuntos que forman parte del proceso son metafísicos. Su metafísica, su panteísmo... es lo que le condena, pero no el uso de un método científico, aunque sea parcial, como ocurrió con Galileo.

Bruno es contradictorio: parece defender un heliocentrismo y un geocentrismo. Pero, sostenemos, cambiando el orden de las esferas, que la asociación neoplatonismo-geocentrismo no ha de ser necesaria. Igualmente el atomismo y el platonismo, tradicionalmente, han parecido contrarios («la realidad es átomo»/«la realidad es Idea»), pero esta asociación, aunque frecuente, no es necesaria. En el Timeo de Platón, de hecho, encontramos atomismo: no hace falta acudir a Demócrito.

El objeto de la Filosofía

El objeto de la Filosofía es el estudio de la Naturaleza o de Dios. Esta identificación Dios-Natura es central y, de hecho, es lo que le llevó a la Inquisición. Se trata de un Dios inmanente, es naturaleza unificada, unitaria (no unificada por la Matemática o por las leyes de la mecánica; Bruno no es mecanicista, en el sentido moderno). La unidad es captada más bien por los procedimientos discursivos: todas las hipóstasis se resuelven en la Unidad, en la Vida. Hay una causa que gobierna todo esto. Vemos que la unidad es de tipo vital, orgánico, no inorgánica. El cómo este organicismo influye, o no, en Espinosa y la cuestión de si Bruno inspiró a éste es una discusión fundamental. Esta Unidad (Dios, Uno) de tipo vital es racional, como ser vivo. Tiene pensamientos, leyes (las del Mundo), pero éstas se rigen por simpatía, magia, etc.

En la Edad Media, hay una discusión importante con la llegada del mecanicismo (s. XVII, Descartes, etc.). La visión mecanicista que se comienza a imponer quiere negar que haya principio vital oculto alguno. Este punto de vista niega que haya cualidades «ocultas» en la Naturaleza, la cual se explica por leyes físicas. Es en este aspecto donde se produce un malentendido, porque en la Edad Moderna se procedería a criticar el dinamismo, la condición de Natura como un «algo animado por fuerzas». Así, los cartesianos pensaron en la Idea de «Fuerza» como Metafísica. Aunque, efectivamente, la Fuerza puede tener connotaciones e interpretación metafísica, a partir de Leibniz (la física se fundamenta en esta idea), la visión cartesiana fracasa. Para Bruno, todo está unificado por una propiedad mística, por un Alma común del Universo. En virtud de esta teoría de la animación global, Bruno aprovechará la tesis de Copérnico, pero transformándola a su gusto «pananimista».

Bruno y Copérnico

El pensamiento de Copérnico era mal conocido o interpretado de un modo restrictivo. En 1543 se publicó la obra póstuma de Copérnico: De revolutionibus orbium coelestium, publicada por Osiander, el cual añade un cauteloso prefacio. En él, Osiander afirma que Copérnico nunca pretendió describir la realidad: no ha querido realmente decir que el Sol estuviera en el centro del Mundo, lo cual iría en contra de la Biblia. Su tesis sería una hipótesis ingeniosa. Copérnico, así, tratará de «salvar las apariencias» y no de reflejar la realidad. Osiander es llamado por Bruno «asno». Bruno afirma que sí refleja la realidad y, por ello, hay que llegar mucho más allá, pues Copérnico mismo no es consciente de las consecuencias, no sólo sobre la astronomía, sino también sobre la visión del mundo que supone. Copérnico cambió la posición del Sol y de la Luna, pero conservando ideas antiguas. Bruno quiere seguir el camino. Si el Sol está en el centro y la Tierra se mueve, resulta que no hay que fiarse de las apariencias.

Hay un rechazo al dualismo, el cual sostiene que hay un mundo terrestre y otro celeste, y que las estrellas estaban constituidas por una sustancia «mejor» a la de la Tierra, incorruptible, y no corruptible como ésta (Aristóteles). Bruno asevera que la Tierra no es el centro del Mundo ni el lugar de la corrupción. Del mismo modo, las estrellas también se mueven, tienen cambios de posición relativos entre sí, no son divinas. Hay una desmitificación. A Bruno le interesa destruir la metafísica cosmológica que dividía Mundo corruptible/Mundo incorruptible. En la época quiebra la diferencia entre movimientos circulares y movimientos violentos/irregulares. Al neutralizarse ambos mundos, los dos movimientos son predicables en ambos ámbitos, obedeciendo a las mismas o, si acaso, semejantes leyes. Niega el carácter divino de los astros, como hemos visto: Si los astros son divinos, ¿por qué no es divina la Tierra? Ya que ésta queda, tras Copérnico, convertida en un «astro».

Los movimientos de los astros se pueden describir en términos matemáticos, geométricos. No es una simplificación abstracta, sino real («No se trata de hacer mero artificio [...], sino de correspondencia con los movimientos reales»). Copérnico aún consideraba el orbe de las estrellas como techo del Mundo. Las estrellas están, aparentemente, fijas; pero, según Bruno, hay que pensar que lo que ocurre en el resto de la realidad debería aplicarse también a las estrellas. (Nicolás de Cusa: astronómicamente, «arriba» y «abajo» son términos relativos). La Tierra y su peso, según Bruno, dependen de una relación; y el resto de los astros, igualmente. Quizá esto haya permitido plantear el Principio de Gravitación Universal. (De ser así, de modo muy lato y débil). Niega la noción de «centro del mundo». Hay un mundo infinito o diversos infinitos mundos desconocidos. Así, el movimiento no es absoluto sino relativo. Aunque no aporta una Física nueva, «piensa el mundo» de una manera nueva. Dios no es el principio del movimiento como principio de extensión. El principio del movimiento es una tendencia natural y viviente de cada ser para perpetuarse y generarse. Es un principio vital interno al mundo. La Natura actúa desde dentro de ella misma. Su visión es calificada como naturalista vitalista.

Acerca del Cosmos y del Hombre

El Mundo

El Mundo como compuesto de principio material y formal; animado por el Alma del Mundo (Forma del Mundo, que se añade a la Materia del Mundo). La pluralidad de formas especiales que animan aspectos especiales de la Materia. La Materia y la Forma no son independientes: la Materia está informada por la Forma, pero a su vez la Materia es proveedora de Formas y principio activo. A pesar de que podríamos ver cierto materialismo, no es así, porque su concepción mágica, «neopitagórica» y hermética le aleja rotundamente de éste. ¿Cómo entender «lo múltiple» a partir de «lo uno», y viceversa?

El camino de Bruno para explicar esto sí se aleja del materialismo: a) Camino epistemológico humano: De lo múltiple a lo uno. El mínimo es el elemento de todas las cosas. Magnitud matemática: punto; física: átomo; números: unidad; astros: sol. b) Camino ontológico divino: El Uno es el principio de todas las cosas, y en el Mundo se despliega en entidades numéricas: la Díada es la esencia que preside, por ejemplo, principios como potencia/acto, materia/forma, etc. La máxima esencia es la Década. Es un misticismo numérico «neopitagórico».

El Hombre: la unión con el todo

Está directamente enfrentado al individualismo de Montaigne. El Hombre es una parte especial de la Naturaleza que tiene un proyecto de identificación con ésta, hasta unirse mutuamente, forzando los procesos naturales (magia). Es una actitud místico-naturalista. El hombre participa del dinamismo de la naturaleza; no hay propiamente una libertad, sino comprender bien la Natura por la vía «simpatética» y dominarla, y no por la vía analítica. Esta «empresa heroica» distingue al hombre de los animales y sobrepasa todo lo finito.

Bibliografía

Ediciones canónicas

  • Dialoghi Italiani (ed. de Juan Gentile)
  • Giordano Bruno opera latina conscripta (reimpresa en el s.XIX y, de nuevo, en 1962, por Fromann)

Ediciones en español

  • De la causa, principio y uno, Losada, Buenos Aires, 1941.
  • Mundo, magia y memoria, Taurus, Madrid, 1973.
  • Los heroicos furores, Tecnos, Madrid, 1987.
  • La cena de las cenizas, Alianza, Madrid, 1987.
  • Expulsión de la bestia triunfante, Alianza, Madrid, 1989.
  • Cábala del caballo Pegaso, Alianza, Madrid, 1990.
  • Del infinito: el universo y los mundos, Alianza, Madrid, 1993.

Sobre Jordán Bruno

  • Granada, M. A.: «Giordano Bruno, un reformador», en Los Filósofos y sus filosofías, Vicens Vives, Barcelona, 1983, pp. 371 y ss.
  • Spampanato, V.: La vida de Giordano Bruno.
  • Yates, F. A.: Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel, Barcelona, 1983.

Enlaces de interés

  • «Giordano Bruno» (http://www.filosofia.org/enc/ros/brun.htm), en Diccionario soviético de filosofía (1965), Proyecto Filosofía en español.
  • Giordano Bruno (http://buscador.lechuza.org/resultados.php?texto=Giordano%2BBruno&xx=buscar) en Lechuza.
enciclopedista

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