Moral

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Del latín mos-moris = costumbre.

Con el término moral designamos al conjunto de normas que buscan preservar la estructura de un grupo social de referencia, en tanto que totalidad atributiva. Así, la moral se basaría en las convenciones a aceptar por el individuo, en oposición a la ética, básicamente individualista.

Tabla de contenidos

Crítica del concepto burocrático de Ética

El término «ética» y el término «moral» sólo superficialmente pueden considerarse sinónimos. Algunos redefinen el término «ética» para designar con él al tratado de la moralidad. Tenemos que rechazar semejante distinción entre «ética» y «moral». Los motivos de nuestro rechazo son de dos tipos:

1) La historia semántica de estos términos nos advierte que «ética» alude a aquel comportamiento de los individuos que pueda ser derivado de su propio carácter, mientras que «moral» alude a las costumbres que regulan los comportamientos de los individuos en tanto que son miembros de un grupo social.

2) Al asociar la investigación filosófica de la moral a la Ética, se está muy cerca de presuponer que la conducta moral puede tener lugar al margen de toda reflexión filosófica. Ahora bien, ni la conducta ética ni la conducta moral pueden tener lugar al margen de una mínima intervención filosófica destinada a establecer las conexiones entre los comportamientos personales éticos y morales dentro de algún sistema de valores definidos, a través de los cuáles puedan reabsorberse los conflictos entre las normas de diversos tipos que entrechocan en la vida real. Si los deberes morales fuesen meramente normas sociales, no serían transcendentales; si los deberes éticos fuesen dictados de la conciencia, tampoco serían transcendentales a las más diversas acciones y operaciones de la persona.

Inconmensurabilidad de las normas éticas y morales

Las normas éticas y las normas morales no son conmensurables. La inconmensurabilidad toma unas veces la forma del conflicto entre personas e instituciones. (Podemos dar por cierto que la obligación moral del servicio de armas entra en conflicto con la norma ética expresada por medio del quinto mandamiento: no matarás. Hay que tener en cuenta que para que la resistencia al servicio de armas tenga un [significado] ético tiene que extenderse a todo tipo de servicio militar. Pero no cabe concluir que el que resiste al servicio militar de armas sea bueno y el que se llega a él sea malo. Se trata de un caso de conflicto frontal entre ética y moral).

La dialéctica interna a las virtudes éticas habrá que ponerla en la contradicción entre la universalidad del individuo corpóreo y la particularidad de las existencias. Es más frecuente la conducta ética con el prójimo que la conducta ética con el extraño. Podría decirse que la ética sólo llega a ser trascendental a todos los hombres en la medida en que los individuos de los grupos originarios puedan comenzar a ser tratados como individuos universales.

El mal ético por excelencia es el asesinato. Pero también son males éticos de primer orden la tortura, la traición... La desatención hacia el propio cuerpo es también un delito ético. Podría decirse que la ética es a la medicina lo que la moral es a la política.

El principio fundamental de la moralidad es la justicia, entendida como la aplicación de las normas que regulan las relaciones de los individuos en cuanto partes del todo social, de donde se deduce que la aplicación de la justicia puede conducir a situaciones injustas desde el punto de vista de otras morales. Pueden llegar a ser morales actos que, aun siendo muy poco éticos, estén orientados a eliminar a un individuo dado de un puesto social, si sólo de este modo se hace justicia a este individuo y a la sociedad que lo alberga.

Los imperativos éticos y los imperativos morales no son siempre mutuamente armónicos. El desajuste entre la ética y la moral lo entendemos como un componente de la dialéctica interna de la vida social. La dialéctica interna de la vida social la entenderemos como un conflicto interno entre las leyes de la moralidad, un conflicto entre los diversos sistemas de normas morales entre sí. Estos conflictos dialécticos podrían considerarse como contradicciones referidas a los sujetos en tanto se ven a la vez obligados por deberes opuestos, una dialéctica que no tiene solución posible. Cuando las partes no estén dispuestas a modificar sus normas, la opción más ética pudiera llegar a ser la de evitar el diálogo. Una situación muy repetida en la última guerra mundial es la del soldado que, habiendo caído en una familia de país enemigo, es protegido por algún miembro de esta familia: los deberes morales obligan a entregar al soldado, los deberes éticos obligan a protegerle.

Resolución del conflicto entre ética y moral por el Derecho

El conflicto permanente entre ética y moral se resuelve dentro del Estado a través del ordenamiento jurídico. La fuerza de obligar de las normas legales deriva del poder ejecutivo del Estado, que es la esfera de la vida política. Ahora bien, lo que desde la política suele entenderse por educación ética es, en realidad, el moldeamiento moral de los ciudadanos y la conminación legal a comportarse éticamente, con lo cual las normas éticas se transforman en realidad en normas morales. La fuerza de obligar procede de la norma legal coactiva, no de la norma ética. En general, habrá que tener en cuenta que la política (el Derecho) coordina, no ya sólo la ética con la moral, sino también las diferentes morales de grupos, clases sociales... constitutivas de una sociedad política. Es puro idealismo dar por supuesta la posibilidad de una convivencia armoniosa que hubiera de producirse automáticamente, tan pronto como todos los ciudadanos se comportasen éticamente. Ni siquiera cabe decir que este ideal de convivencia armónica sea la expresión de un deber ser, porque lo que es utópico habría que verlo como un producto de la falsa conciencia.

(Los estoicos tenían una moral, mientras que los epicúreos tenían una ética. En resolución, el individuo no es separable del grupo, pero sí disociable. Entendemos «individuo» como la clase de los individuos, por lo que la ética no tiene el sentido de egoísmo, de los deberes del individuo para sí mismo).

Definición objetiva de la ética y la moral

La ética no se define por el origen de la fuerza de la obligación. Se trata de una cuestión diferente. La ética se define por el objetivo de la norma ética, que es algo más positivo que el origen especulativo de la fuerza de obligación. Las normas éticas, por su objetivo, son normas dirigidas a la preservación de la vida de los individuos. En este sentido, la norma ética fundamental es la fortaleza, la firmeza o generosidad, y el delito ético mayor es matar a otro o suicidarse. Pero al mismo tiempo los individuos están incluidos en el grupo, lo que da lugar a la moral, cuyas normas tienen el objetivo de mantener la estructura del grupo, cualquiera que sea. Con lo cual, la famosa contradicción de Kant se reexpone en términos, no de lucha con la naturaleza (lo que no tiene sentido), sino dentro de la propia dialéctica de las normas antropológicas, éticas y morales. La cuestión no es la distinción que se basa en el origen de la fuerza de la obligación, ya provenga ésta de la conciencia o de fuera: la distinción que se hace entre ética y moral se correspondería con la distinción que se hace entre autónomo y heterónomo. La ética sería autónoma porque se da en mi conciencia, ya no hace falta ni una ley ni nadie que me diga lo que tengo que hacer, puesto que sale de mí. Con este tipo de distinción caemos en el individualismo luterano. Generalmente, la fuerza de obligar procede de fuera. La prueba de esto es que si no ayudas inmediatamente a un individuo que se está desangrando, o por lo menos no avisas a la policía, te ponen una multa; es decir, tienes una obligación jurídica de ayudarle, y esta es una obligación ética.

Desde la doctrina del materialismo filosófico cabría, pues, definir la ética como el conjunto de normas destinadas a preservar la individualidad corpórea de los sujetos humanos, en oposición a la moral, en tanto que relativa a los grupos humanos. Las normas éticas serían aplicables al individuo en tanto que totalidad distributiva (ayudar a una persona independientemente de su adscripción social, por ejemplo), mientras que las normas morales lo serían en tanto que ese individuo está inmerso en una totalidad atributiva. Con el término «moral» designamos al conjunto de normas que buscan preservar la estructura de un grupo social de referencia, en tanto que totalidad atributiva.

Moralidad y persona

Los sujetos corpóreos, cuando actúen en función de las virtualidades trascendentales de su existencia (en particular su actividad normativa, su capacidad de planificar y programar según normas) se constituirán precisamente como sujetos morales, y como tales podrán ser llamados personas. Las acciones y operaciones de los sujetos corpóreos entrarán en el horizonte de la moralidad en la medida en que ellos estén formalmente dirigidos o determinados a la preservación de la existencia misma y puedan considerarse como partes de las condiciones de existencia de los términos de la clase de los sujetos humanos en cuanto tales.

(Las acciones y operaciones normadas tienen una materia bien precisa, a saber: las subjetividades individuales corpóreas. Pero esta materia se define formalmente como un sujeto que busca su propia existencia operatoria).

La sindéresis

La sindéresis es la virtud intelectiva cuyo objeto se refiere a la capacidad de juzgar rectamente. Según el materialismo filosófico, la sindéresis consiste en una ley general aplicable a toda conducta ética o moral que prescriba que debemos actuar de tal manera que nuestras acciones puedan contribuir a la conservación de los individuos corpóreos, en cuanto sujetos que no se oponen a la conservación de la comunidad de sujetos humanos. El contenido de la sindéresis podría enunciarse, pues, de este modo: debo obrar de tal modo que mis acciones puedan contribuir a la preservación en la existencia de los sujetos humanos, en cuanto son sujetos actuantes que no se oponen a esa misma preservación de la comunidad de sujetos humanos.

El principio fundamental de la sindéresis se desdobla en dos planos (correspondientes a los dos contextos, el distributivo y el atributivo) en los cuales se da la existencia de los sujetos corpóreos: el ético, correspondiente al contexto distributivo, y el moral, correspondiente al contexto atributivo.

1) Principio fundamental de la sindéresis aplicada al contexto distributivo. Establece la ordenación de las acciones y las operaciones a la preservación de la existencia de los individuos distributivos. El deber o el derecho podrán referirse ahora a la existencia de estos individuos humanos en aquello que tienen de más universal, a saber, su corporeidad operatoria. Habría que decir que la primera esfera real de aplicación del principio ético a la clase distributiva de los sujetos éticos tiene lugar en el ámbito de la familia, porque los individuos aparecen en ella en sus funciones más próximas a la vida orgánica. En resolución, cabría decir que la esfera de los deberes englobados en este primer género tiende a superponerse con la esfera del hombre.

2) Principio fundamental de la sindéresis aplicada al contexto atributivo. Aplicado a este contexto, el deber afecta a los individuos en tanto que son partes de las sociedades constituidas por los diferentes conjuntos de individuos humanos. De hecho, la esfera real del deber atributivo comenzará siendo el grupo social: la tribu, la clase, el Estado... En resolución, la esfera de los deberes englobados en el segundo género tiende a superponerse con la esfera del ciudadano.

(Véase también Libertad.)

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