San Bernardo

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San Bernardo de Claraval (1091-1153), el llamado Doctor melifluo, por su estilo dulce y suave, nació en el Castillo de Fontaines, en las proximidades de Dijon. En 1112 ingresó en el monasterio de Citeaux (cisterciense), y en 1115 fue nombrado abad del monasterio de Claraval, cargo que desempeñó hasta su muerte. Defendió el conocimiento místico de Dios. Extremadamente activo en la vida de la Iglesia, persiguió herejes y predicó la Segunda Cruzada. Las polémicas más conocidas las mantuvo contra Pedro Abelardo y contra los Cluniacenses, obligándoles a retractarse en el Concilio de Sens (1140).

«San Bernardo cultivó y defendió la vida mística, basada en la ascética, y se opuso a cuanto pudiera empañar la auténtica experiencia mística. Este es uno de los motivos de su constante oposición a los "filósofos puros", a los "dialécticos", que pretenden conocer a Dios a través de los inteligibles y olvidan que el verdadero conocimiento de Dios puede obtenerse únicamente por medio de la humildad y del amor. Estos dos últimos "temas" desempeñan un papel capital en la predicación y en los escritos de San Bernardo. Las ciencias profanas no pueden compararse en dignidad y en valor con las ciencias religiosas; una teología basada en las especulaciones filosóficas y en las argucias dialécticas no es propiamente ciencia, sino la manifestación del orgullo. En cambio, cuando el hombre comienza por humillarse, comienza también a ensalzarse hacia el único conocimiento valedero y auténtico: el de Jesús de Nazaret crucificado. Todo conocimiento digno de este nombre se basa en un modo de vida que se inicia con la mortificación de sí mismo, que continúa con el amor puro a Dios, y que culmina en el éxtasis místico, donde el alma se sumerge en la vida divina. Sin embargo, no debe concluirse que el éxtasis es el resultado del propio esfuerzo; de no mediar la gracia divina, el hombre no podría jamás pasar del primer estadio de la humildad. Tampoco debe admitirse que el hombre es simplemente "arrastrado" por la gracia; sólo la cooperación de la voluntad y el libre albedrío con la gracia hacen posible la comunidad de las almas en el amor divino. El acto del amor a Dios, fundamental para San Bernardo, es la purificación del amor natural del hombre a sí mismo y a Dios, paralelo y coincidente con el amor de Dios hacia el hombre. En la experiencia mística se realiza la perfecta unión de las voluntades dentro del amor.

»La oposición de San Bernardo a la filosofía como mera "ciencia profana" y a la dialéctica no significa, de todos modos, que desdeñara toda tradición intelectual. Hay en su obra muchos elementos procedentes de la patrística (San Agustín, San Gregorio Niceno, Pseudo-Dionisio), y hasta puede considerarse tal obra como una síntesis de las tradiciones teológicas y teológico- filosóficas latina y griega. Pero los elementos "intelectuales" se hallan fundidos en los requerimientos de la vida religiosa ascética y mística.

»Siguiendo orientaciones semejantes a las de San Bernardo, escribieron y predicaron Guillermo de Saint Thierry; Isaac de Stella, Alcher de Clairvaux. Todos ellos suelen ser considerados como místicos agustiniano-platonizantes, pero esta caracterización es, sobre ser demasiado vaga y general, excesivamente "filosófica" para describir la obra y el pensamiento de quienes se interesaban principalmente en el enriquecimiento y profundización de la vida religiosa, y especialmente monástica». (José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía (http://filosofia.org/enc/fer/fer.htm))

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