Democracia

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Forma de gobierno en la que, según Aristóteles, la soberanía pertenece a la totalidad de los ciudadanos, independientemente de su nacimiento, fortuna o capacidad. El materialismo filosófico considera el régimen democrático como un régimen político más, en el que una parte de la sociedad ejerce su dominio sobre las otras partes. La democracia no es un simple procedimiento o un sistema de reglas de juego, sino que posee una materia política. La sociedad democrática se constituye históricamente en el momento en que la estructura de la sociedad capitalista se extiende a la sociedad política. Existe una relación isomórfica entre democracia, mercado y televisión, al compartir éstas la estructura basada en el consumidor que elige entre distintas opciones.

Llamamos consenso democrático a la aceptación de la resolución tomada por una mayoría de electores conformes con un candidato u opción: con un contenido del acervo connotativo en general. Llamamos acuerdo democrático a la condición de la resolución sobre contenidos del acervo connotativo en la que la mayoría de los electores están conformes entre sí. El acuerdo democrático puede ir unido a un consenso. Pero el consenso puede disociarse del acuerdo: puede haber consenso en medio de una profunda discordia.

La definición aristotélica de democracia como «gobierno de todos» es ideológica, porque este todo debe ser traducido a una mayoría, un concepto que sólo puede sostenerse doctrinalmente mediante una serie de convenciones que, o bien piden el principio, o bien son meramente metafísicas; y cuando se intentan traducir al terreno estrictamente técnico no siempre son compatibles, porque el consenso puede reproducirse en un contexto de profunda discordia política que induce a sospechar la precariedad de un sistema que estaría fundado más en su dependencia de condiciones coyunturales de entorno que en su propia coherencia o fortaleza interna. La definición aristotélica de democracia como «gobierno de todos» da por probada la superior legitimidad de una mayoría para representar a la totalidad. Pero, además de ser débiles los argumentos en que se apoya tal supuesto, la propia determinación de las mayorías descansa en criterios aritméticos arbitrarios.

Los demócratas fundamentalistas tienden a convertir la idea de democracia en una idea metafísica de cuño hegeliano que, al modo de la Autoconciencia, pretende erigirse en destino humano y culminación de la historia.

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