Materialismo filosófico

De Enciclopedia Symploké, la enciclopedia libre.

Sistema filosófico que está desarrollándose desde hace más de treinta años, y que acaso sólo tiene de común con el materialismo tradicional la negación del espiritualismo, es decir, la negación de la existencia de sustancias espirituales.

Es cierto que cuando estas sustancias espirituales se definen como no materiales, poco avanzamos en la definición del materialismo, puesto que no hacemos otra cosa sino postular la realidad de unas sustancias no materiales, pero sin definirlas previamente. Y si en lugar de definir las sustancias espirituales como sustancias inmateriales se definen como incorpóreas, estaremos presuponiendo que el materialismo es un «corporeísmo», tesis que rechaza de plano el materialismo filosófico, en tanto admite la realidad de seres materiales pero incorpóreos (la distancia entre dos cuerpos es sin duda una relación real, tan real como los cuerpos entre los que se establece, pero no es corpórea, ni tampoco «mental»).

Por ello el materialismo filosófico ve necesario, para romper el círculo vicioso (sustancia espiritual es la sustancia no material, y sustancia material es la no espiritual), acudir a una tercera idea, a saber, a la idea de la Vida, definiendo la sustancia espiritual como sustancia viviente incorpórea. El materialismo, en general, podría entonces definirse como la negación de la existencia y posibilidad de sustancias vivientes incorpóreas. Esta definición de materialismo permite incluir al atomismo de Demócrito; pero el atomismo de Demócrito es un corporeísmo, por cuanto identifica a lo incorpóreo con el no-ser, con el vacío; por ello el materialismo filosófico no tiene que ver con el atomismo de Demócrito, renovado en el siglo XVII y XVIII en una concepción que bloqueó el desarrollo de la ciencia moderna y especialmente de la Química, la cual solamente pudo seguir adelante «rompiendo» el átomo. Pero, aparte de Demócrito, el materialismo tradicional se desarrolló como monismo materialista «corporeísta», y este es el modelo más extendido en los siglos XIX y XX (Büchner, Moleschott, Ostwald, Haeckel, Marx, Engels, Monod, &c.). El materialismo filosófico tiene muy poco que ver con este materialismo tradicional.

Niega el monismo, por cuanto defiende el pluralismo ontológico, pluralismo que no se reduce al reconocimiento de las diferencias entre los seres, sino a la afirmación de que entre éstos hay discontinuidades irreducibles (acogiéndose al principio de discontinuidad implicado en la «symploké» platónica, según la cual «no todo está relacionado con todo»); y en esto se diferencia del monismo materialista tradicional que, como el monismo teológico monoteísta, defiende que «todo está relacionado con todo».

Niega el «corporeísmo» porque, además de las realidades corpóreas (que se incluyen en un primer género de materialidad) reconoce la realidad de un segundo género de materialidad incorpóreo pero temporal (por ejemplo un dolor de apendicitis) y de un tercer género de materialidad «inespacial» e intemporal (como pueda serlo un teorema matemático).

El materialismo filosófico utiliza también el concepto de Materia ontológico general como multiplicidad pura que se presenta en función del mundo de los fenómenos, constituido «lisológicamente» por los tres géneros de materialidad (la materialidad «primogenérica», la materialidad «segundogenérica» y la materialidad «terciogenérica»), pero morfológicamente organizado según diferentes plataformas (materia inorgánica, materia orgánica, materia viviente, materia social, materia etológica, antropológica o institucional) y categorías establecidas en función de las ciencias positivas.

La metafísica presocrática (Pentalfa, Oviedo 1974), de Gustavo Bueno, es el primer volumen de una Historia de la Filosofía elaborada desde los presupuestos del materialismo filosófico
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La metafísica presocrática (Pentalfa, Oviedo 1974), de Gustavo Bueno, es el primer volumen de una Historia de la Filosofía elaborada desde los presupuestos del materialismo filosófico

Como doctrina sistemática sobre la estructura de la realidad se caracteriza en sus rasgos más generales, desde un punto de vista ontológico, por:

  • 2º) Defender las «sinexiones» entre conciencia y Mundo, de tal modo que el Mundo sería el contenido finito de la materia ontológico-general caracterizado por estar dado a escala del Ego (principio «zootrópico»); no hay conciencia sin mundo ni mundo sin conciencia. Esta transformación materialista del principio de apercepción trascendental kantiano se llevará fundamentalmente a cabo a través de la idea de «trascendentalidad» positiva.
  • 3º) Frente a los distintos formalismos o «reductivismos» ontológicos, la defensa de que los contenidos del Mundo (esto es, las materialidades dadas a escala del Ego, sin olvidar que el Ego mismo está dado también a escala de estas materialidades) se dividen en tres géneros distributivos de materialidad «sinectivamente» conectados entre sí, de tal modo que es erróneo pensarlos al modo «megárico» o dar más peso ontológico a uno que a otro. Estos géneros, o dimensiones ontológicas «sinectivamente» conectadas entre sí en «symploké» los conoce el materialismo filosófico como M1, M2 y M3. Estos contenidos, al estar dados en función del Ego, son el ámbito ontológico donde la materia «se conoce a sí misma», aunque parcialmente, «finitamente», no al modo hegeliano según el cual el Ser tomaría plena conciencia de sí dentro del Ser-para-sí, en el Espíritu absoluto.
  • 4º) Frente a los distintos tipos de monismo en general, y frente al monismo de la «Ontoteología» cristiana en particular, la defensa de un pluralismo ontológico. En la «Ontoteología» el Ser es un «analogado» de atribución cuyo primer «analogado» es Dios, que es por tanto «Ipsum esse», y al ser Acto Puro (=Ser realísimo, sin ninguna potencialidad), es un Ser simplísimo (=sin partes), al estar ligada la idea de pluralidad a la materia, pero no a la «forma pura». Para el materialismo filosófico, en cambio, el Ser (=la materia ontológico-general) es una pluralidad infinita de contenidos conectados en «symploké». Tanto las Ideas de unidad como de identidad presuponen una multiplicidad originaria sobre las que ejercitarse. Ni que decir tiene que gracias al «principio de symploké», estamos libres de ver a esta pluralidad originaria como una totalidad (las totalidades están en función de las operaciones del sujeto gnoseológico, son finitas, múltiples y recursivas) o como una multiplicidad regida por el «Monismo de la armonía».


Las partes fundamentales del materialismo filosófico son: Filosofía general, que se divide en Ontología (general o especial, y que gira en torno a la Idea de Realidad) y en Gnoseología (general o especial, y que gira en torno a la Idea de Verdad); y Filosofía especial (que gira fundamentalmente en torno al espacio antropológico y al espacio cosmológico).

El materialismo filosófico comporta por tanto una Ontología, una Gnoseología, una Antropología filosófica, una Estética, una Filosofía política, &c.


Bibliografía:

enciclopedista

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