Regressus

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Regressus y progressus constituyen los dos sentidos de un curso operatorio circular que, partiendo de determinadas posiciones, llega a otras distintas (regressus) para retornar, reconstruyéndolos cuando es posible, a los puntos de partida (progressus). La determinación del sentido de los términos en cada caso depende de los «parámetros» fijados como puntos de partida, puesto que un cambio de éstos convertirá a un regressus dado en un progressus y recíprocamente. Por ejemplo, al comenzar por el todo, será un regressus el curso hacia las determinaciones de las partes, y un progressus la construcción de aquel con éstas; si se comienza desde las partes, será un regressus el camino hacia el todo y un progressus la reconstrucción de las partes, si es posible. Los términos regressus y progressus forman parte del método filosófico ya desde Heráclito, cuando afirmaba que «la dialéctica es un camino hacia arriba y hacia abajo» y fue conformado por Platón como regreso hacia las Ideas desde el mundo de los fenómenos para formar una teoría explicativa y progreso nuevamente hacia los fenómenos para explicarlos, por lo que se hablará de un regressus de los fenómenos a las esencias y de un progressus de las esencias a los fenómenos (la «vuelta a la caverna»). Hay que tener en cuenta que los fenómenos desempeñan unas veces el papel de totalidades confusas (fenotipos, por ejemplo) respecto de los factores esenciales (factores genotípicos, por ejemplo).

La metafísica tradicional, ya desde Aristóteles, corta con toda explicación racional del mundo de los fenómenos (el Acto Puro aristotélico no conoce el mundo), que en rigor no sería repuesta hasta Kant, cuando señala en la dialéctica trascendental que ha de realizarse un regressus trascendentalis para llegar a las Ideas.

El llamado tradicionalmente «método analítico de los geómetras» también comporta un regressus (un análisis de los fenómenos-problemas que resuelve en los principios) y un progressus (o síntesis constructiva de los principios a las consecuencias). Otras veces, en las ciencias empíricas, los métodos inductivos vienen a constituir la fase del regressus por respecto de la fase deductiva (por ejemplo, predictiva) de progressus. Es esencial tener en cuenta que la distinción entre progressus y regressus sólo alcanza su sentido fuerte en una concepción circular de la racionalidad científica (como pueda serlo la teoría del cierre categorial); la distinción se debilita cuando nos situamos al margen del circularismo gnoseológico (y si se mantiene, es como resultado de la mera yuxtaposición de dos metodologías que pueden proceder independientemente o que, a lo sumo, se relacionan por vía meramente psicológica, por ejemplo, refiriendo el regressus a los contextos de descubrimiento y el progressus a los contextos de justificación). La distinción progressus/regressus en su sentido fuerte incluye estrategias dialécticas muy características (por ejemplo, metábasis, sistasis, etcétera, derivadas de las dificultades o resistencias que la materia tratada opone al establecimiento del circuito interno, en matemáticas, desde la integral a la función derivada correspondiente y la necesidad de suplir el retorno apelando a los autologismos que tienen lugar en las llamadas «integrales inmediatas»).

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