«Fascismo»
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El fascismo es un movimiento político y una ideología surgida en Italia a principios del siglo XX, caracterizado por su oposición radical al liberalismo, al socialismo, al comunismo y a las formas tradicionales de parlamentarismo, en favor de un Estado totalitario, nacionalista y jerárquico que integra a la sociedad bajo un principio de unidad orgánica y de liderazgo carismático.
El término deriva de la palabra italiana fascio, que significa "haz" o "mazo", evocando el símbolo romano del fasces, representativo de la autoridad y la unidad indivisible de la colectividad. El movimiento se funda formalmente el 23 de marzo de 1919 en Milán, cuando Benito Mussolini convoca la reunión de los Fasci di Combattimento, agrupando inicialmente a veteranos de la Primera Guerra Mundial, nacionalistas, sindicalistas revolucionarios y sectores descontentos con el sistema político liberal. El programa de San Sepolcro, publicado poco después, y el Manifesto dei Fasci Italiani di Combattimento de junio de 1919, definen sus objetivos iniciales: sabotaje a las candidaturas neutralistas, reivindicación de las fronteras nacionales, república, sufrago universal, confiscación de las propiedades de la Iglesia y de los prófugos de guerra, y control obrero de la producción.
Desde sus orígenes, el fascismo se define en oposición al avance de la revolución socialista y al debilitamiento del Estado liberal italiano tras la guerra. Entre 1919 y 1922, los fascistas desarrollan una estrategia de acción directa —conocida como squadrismo—, que incluye la ocupación de sedes sindicales, la destrucción de prensa socialista y enfrentamientos violentos con las organizaciones obreras. Esta táctica de combate extraparlamentario, que responde a la violencia de los grupos socialistas y comunistas, permite a los fascistas presentarse como defensores intransigentes del orden social, la propiedad privada y la integridad nacional frente a la amenaza bolchevique.
El ascenso del fascismo culmina en la Marcha sobre Roma de octubre de 1922, que lleva a Mussolini al poder como primer ministro, marcando el inicio de un régimen que progresivamente desmantela las instituciones liberales y establece un Estado totalitario. La oposición al fascismo se denomina antifascismo y engloba a socialistas, comunistas, republicanos, liberales y sectores católicos, aunque las divisiones internas de estos grupos facilitan la consolidación del poder fascista. Términos como "filofascista" designan a aquellos que, sin ser miembros del movimiento, apoyan sus objetivos o colaboran con él, mientras que la etiqueta "socialfascismo", acuñada por la Internacional Comunista en la década de 1920, califica a la socialdemocracia como un aliado objetivo del fascismo, al considerarla una forma de contrarrevolución disfrazada de reformismo.
Desde el punto de vista filosófico y político, el fascismo se distingue por su rechazo al individualismo liberal y al materialismo marxista, proponiendo en su lugar una concepción organicista de la sociedad en la que el individuo se realiza en y a través del Estado. Esta visión, influida por el sindicalismo revolucionario de Georges Sorel y el nacionalismo de Enrico Corradini, postula la nación como un organismo histórico dotado de voluntad propia, superior a las clases y los intereses particulares. El fascismo niega la universalidad de los derechos individuales y la soberanía popular en favor de la primacía de la comunidad nacional, articulada mediante corporaciones que supuestamente representan los intereses productivos integrados en el Estado. Su doctrina, sistematizada en obras como la Dottrina del Fascismo de Mussolini y Giovanni Gentile, enfatiza la acción sobre la especulación abstracta, la fe en la tradición y el mito de la regeneración nacional, y la aceptación de la lucha y la jerarquía como principios constitutivos de la existencia humana.