«Marxista»
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El término marxista, junto con las denominaciones derivadas los marxistas y marxismo, se incorpora al léxico político español de manera progresiva y tardía en comparación con otros conceptos ideológicos fundamentales, como el liberalismo. Su introducción está estrechamente vinculada a la difusión de las ideas de Carlos Marx en el contexto de la internacionalización de los movimientos obreros durante la última década del siglo XIX.
La primera mención significativa del apellido Marx en la prensa española se registra en la década de 1850, en un contexto de referencia a grupos de exiliados políticos en París descritos como pertenecientes a la "escuela del sectario Marx". Sin embargo, su presencia permanece marginal durante las siguientes dos décadas, limitada a breves alusiones a organizaciones revolucionarias internacionales. La difusión efectiva de los términos comienza en la década de 1870, particularmente tras los acontecimientos de la Comuna de París en 1871, que generan un renovado interés por la figura de Marx como líder de la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional). A partir de entonces, su nombre se asocia explícitamente con la dirección de esta organización, y en 1872 aparece acompañado de una representación gráfica y un esbozo biográfico en publicaciones como La Ilustración Española y Americana.
El adjetivo marxista emerge en la prensa española en la década de 1880, en el contexto de las divisiones internas de la Primera Internacional y, especialmente, de los congresos obreros celebrados en París en julio de 1889 con motivo de la Exposición Universal. Estos eventos, que enfrentan a dos corrientes socialistas —una de carácter posibilista y otra de explícita filiación marxista—, marcan el momento en que el término adquiere relevancia en el discurso político español. En las crónicas de la época, se distingue claramente entre el "congreso posibilista" y el "congreso marxista", siendo este último representado en España por figuras como Pablo Iglesias y José Mesa, fundadores del Partido Socialista Obrero Español. La oposición entre ambas tendencias subraya la identificación del marxismo con una concepción centralizadora y revolucionaria del movimiento obrero, en contraste con las posiciones más gradualistas y sindicalistas.
El sustantivo abstracto marxismo, que designa el conjunto doctrinal atribuido a Marx, aparece de forma más tardía, hacia finales de la década de 1890. Su uso inicial se encuentra en textos que analizan las disputas teóricas dentro del socialismo internacional, como las críticas a la teoría del valor-trabajo o las tensiones entre el marxismo y otras corrientes, tales como el anarquismo o el socialismo de cátedra. En estos primeros empleos, el marxismo se presenta como un sistema específico dentro del espectro socialista, caracterizado por su interpretación materialista de la dialéctica hegeliana, su teoría económica y su énfasis en la lucha de clases como motor de la historia.
La consolidación terminológica de estos conceptos se produce en el ámbito lexicográfico durante la primera década del siglo XX. El Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano de Montaner y Simón, en su edición de 1910, define el marxismo como "el conjunto de las teorías de Carlos Marx, fundador del socialismo moderno", y al marxista como partidario de dicha doctrina. Posteriormente, la Enciclopedia Espasa de 1917 incorpora estas voces en un sentido similar. No es hasta la decimosexta edición del Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, publicada en 1936, cuando los términos marxista y marxismo son finalmente recogidos en el diccionario de la Academia. Las definiciones de esta edición enfatizan el carácter sistemático de la doctrina, su base en el materialismo dialéctico y su vinculación con el proyecto de la dictadura proletaria, aunque con una formulación que evidencia un sesgo crítico al referirse a ella como la doctrina de "Carlos Marx y sus secuaces".