«Materialidad de los recuerdos: entre el cine y el tardofranquismo»

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Escuela de Filosofía de Oviedo

Manuel Vidal Estévez

Materialidad de los recuerdos: entre el cine y el tardofranquismo

27 de febrero de 2023


Manuel Vidal Estévez (1948-2025) fue un crítico de cine, guionista, realizador de cortometrajes y profesor universitario español que, desde posiciones inicialmente cercanas al marxismo y al trotskismo, fue evolucionando hacia una plena adscripción al materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Su intervención reconstruida y publicada en El Catoblepas n.º 203 (abril-junio 2023) bajo el título «Materialidad de los recuerdos: entre el cine, la filosofía y el tardofranquismo» —pronunciada originalmente en la Escuela de Filosofía de Oviedo el 27 de febrero de 2023— constituye un documento autobiográfico-filosófico de primer orden para comprender la trayectoria intelectual de una generación de cinéfilos españoles nacidos en los años cuarenta y formados bajo el franquismo tardío y la Transición.

La exposición se presentó explícitamente como «mera charla» y no como lección académica, dado que Vidal Estévez se consideraba «apenas un neófito» en el materialismo filosófico. Subrayó desde el comienzo la distinción entre el cine como saber de primer grado (práctico-operatorio) y la filosofía como saber de segundo grado (crítico-reflexivo) que debe fundamentarlo. Ambos saberes son caracterizados como ilimitados, carentes de paradigma científico cerrado y desbordantes de la capacidad de una sola existencia humana. Esta concepción gnoseológica, tomada directamente de Gustavo Bueno, sirve de marco para toda la intervención.

El relato se organiza cronológicamente a partir de 1968, año que Vidal Estévez elige no por su carácter mítico (Mayo del 68), sino por razones prosaicas y determinantes en su biografía cinematográfica. El cambio administrativo operado a finales de 1967 —fusión de la Dirección General de Cinematografía y Espectáculos con la de Cultura Popular bajo Carlos Robles Piquer— le permitió, gracias a la amistad del padre de un compañero de cinefilia (Andrés Castro), asistir al Festival de San Sebastián de 1968. Allí descubrió el ciclo dedicado al underground norteamericano organizado por la Cooperativa de Jonas Mekas. Películas de Andy Warhol, Kenneth Anger, Gregory Markopoulos, Maya Deren o Harry Smith representaron para él la máxima libertad operatoria fílmica, superior incluso a la vanguardia europea de Godard, Hanoun o Pollet. Este contacto temprano con el underground constituyó un fetiche contracultural típico de finales de los sesenta y principios de los setenta, en paralelo a obras como El nacimiento de una contracultura de Theodore Roszak (1968). Décadas después, en 1995, redactaría por encargo de Cátedra el artículo «New American Cinema: el Underground» para el tomo XI de la Historia General del Cine, tras obtener las cintas VHS editadas por el MoMA, ya que ningún crítico estadounidense aceptó la tarea.

1969 fue el año axial de su formación ideológica. Bajo el estado de excepción franquista —que califica de «pésimo recuerdo» y cuya experiencia considera imprescindible para juzgar el régimen—, leyó dos obras antagónicas que marcaron su trayectoria: Principios elementales y fundamentales de filosofía de Georges Politzer (edición peruana de 1969 adquirida en un tenderete madrileño) y El cero y el infinito de Arthur Koestler. Politzer le proporcionó su primer contacto sistemático con el materialismo dialéctico y histórico («no es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino el ser social lo que determina su conciencia»; «la lucha de clases es el motor de la historia»). A partir de él se autodenominó «materialista», aunque aún sin apellido. Koestler, por el contrario, le inoculó un antiestalinismo radical e irreversible que le impidió militar nunca en el PCE y le llevó a leer Testamento español, las memorias del autor y Analyse d’un miracle. Ambas lecturas convergieron paradójicamente en reforzar su interés por el marxismo, pero desde una posición crítica y no dogmática. Ese mismo año se presentó al ingreso en la Escuela Oficial de Cinematografía (suspende la prueba de guion) y comenzó a leer Cahiers du cinéma, revista decisiva para la cinefilia minoritaria española.

Vidal Estévez denunció repetidamente el «hurto de maestros» perpetrado por el franquismo como su aspecto más grave. La ausencia de guías intelectuales dignos obligó a la generación a buscarlos «debajo de las piedras» en tenderetes y trastiendas. Politzer y Koestler cumplieron ese papel de «maestros sustitutorios». Años después citó la frase de Gustavo Bueno (La Vanguardia, 16 julio 1999): «El materialismo histórico de Marx es tan importante que no asimilarlo es como ser precopernicano», afirmando su vigencia incluso tras la caída de la URSS.

El concepto central de la conferencia es el «tardofranquismo». Frente a la periodización académica convencional que lo sitúa entre octubre de 1969 (gobierno monocolor de Carrero Blanco) y el 20 de noviembre de 1975 (muerte de Franco), Vidal Estévez lo definió como proceso abierto, heterogéneo y no sustantivado, cuya concreción depende de las circunstancias y los intereses de quien lo enuncia. Lejos de haber concluido en 1975, el tardofranquismo es la pervivencia interesada del franquismo como zombie político rentable: se mantiene vivo no para estudiarlo con sus logros y fracasos, sino para instrumentalizarlo (exhumaciones, Valle de los Caídos, Pazo de Meirás, yate Azor, etc.). Lo identificó con el «socialismo realmente existente» español, cuya destrucción o disolución consideró condición necesaria para superar definitivamente esa fase. Acusó al tardofranquismo de hurtar también a Gustavo Bueno: cita el volumen La filosofía hoy (Fundación Juan March / Crítica, 1997-2000) que incluyó a veintiocho filósofos españoles contemporáneos pero omitió a Bueno, así como la ausencia de reseñas en Babelia o entrevistas en El País durante la dirección de Juan Luis Cebrián.

La década de 1970-1972 marcó su radicalización cinematográfica y política. En 1970 descubrió por azar en la librería Visor El papel de la filosofía en el conjunto del saber de Gustavo Bueno, donde encontró la definición de filosofía como saber de segundo grado y el proyecto de noetología (racionalidad situada entre lógica y psicología). En 1972 se instaló en París cuatro años, inmerso en el materialismo fílmico de Godard (Tout va bien), Barthes (paso del estructuralismo al postestructuralismo) y Althusser (Ideología y aparatos ideológicos del Estado). Asistió a clases de Deleuze en Vincennes (sobre Spinoza y el deseo), pero no le convenció la deriva esquizofrénico-mística que percibió en Anti-Edipo. Su formación cinéfila se completó con ciclos íntegros de Ford, Mann, Sirk, Tourneur, Ozu, Mizoguchi y Buñuel en la Cinemateca y los cines del Barrio Latino.

De regreso a España en 1976, militó brevemente en la LCR (Liga Comunista Revolucionaria), influido por Ernest Mandel, pero abandonó tras las elecciones de 1979 y optó por la «intemperie política» bautizada como abstención. Colaboró en la revista Contracampo (1978-1987) y en 1983-1986 trabajó en el programa Fila 7 de TVE, donde realizó series sobre cinematografías iberoamericanas y japonesas. La supresión fulminante del programa por la socialdemócrata Pilar Miró al llegar a la dirección de RTVE en 1986 es interpretada como acto paradigmático de tardofranquismo sectario.

El encuentro definitivo con el materialismo filosófico se produjo en 1981-1982 con la lectura del artículo «Psicoanalistas y epicúreos» en El Basilisco n.º 13, seguido años después por «¿Qué significa cine religioso?» (1993) y Televisión: apariencia y verdad (2000). En 1996, con casi cincuenta años, inició la carrera de Filosofía en la UNED (la termina hacia 2001-2002), disfrutando cursos presenciales y de verano sin que ningún profesor mencionase a Bueno. Obtuvo el DEA en Historia del Cine en la UAM y ejerció como profesor asociado en la Universidad Carlos III.

En la parte final, Vidal Estévez planteó la necesidad de desarrollar un análisis fílmico desde el materialismo filosófico y el objetivismo estético, superando el «blablismo» impresionista y postestructuralista. Ensayó esta vía en el artículo «Los cuatro westerns de Edward Dmytryk». Cuestionó la utilidad actual de la noetología (apoyándose en discrepancias entre Ekaitz Ruiz de Vergara y Pablo Huerga) y reclamó una teorización materialista de la subjetividad que dejase atrás la herencia kantiana. Defendió a Buñuel como cineasta del «ateísmo esencial» y propuso su rescate para el panteón del materialismo filosófico junto a Feijoo y Spinoza.

La conferencia culmina con el descubrimiento casual del término symploké en un programa televisivo de 1988 donde Gustavo Bueno hablaba del manual de filosofía vetado por el Ministerio. Al releer el Sofista de Platón comprendió que la genialidad de Bueno radicaba en haber elevado esa noción platónica a principio ontológico-general del materialismo filosófico: pluralidad irreductible de los entes, pero siempre en combinación, nunca aislados ni confundidos. Esta symploké distingue radicalmente el sistema de Bueno de todos los materialismos precedentes (incluidos Althusser, Deleuze o Badiou) y constituye, según Vidal Estévez, la diferencia específica que lo convierte en el filósofo español más importante del siglo XX y lo que queda del XXI.

Manuel Vidal Estévez, Materialidad de los recuerdos: entre el cine, la filosofía y el tardofranquismo El Catoblepas