Categoría:Estética y Filosofía del Arte

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Una larga tradición afirma que el arte imita la realidad. Platón, uno de los representantes de esta tradición, decía que el arte imitaba la apariencia de las cosas, que a su vez imitaban a las ideas. El problema de esta caracterización es que el término mímesis no tiene un significado claro y distinto, pero además es muy problemático afirmar que todas las obras de arte imitan la realidad.

Según otra no menos larga tradición el rasgo distintivo del arte es que produce belleza. El arte, según esta definición, sería aquella clase de actividad humana que aspira y logra producir formas estéticas bellas. La conexión que existe entre el arte y la belleza es, en efecto, una idea muy antigua. Pero ocurre con esta definición como con la caracterización del arte como mímesis. El concepto de belleza es muy amplio y ambiguo y además la belleza se encuentra fuera de las bellas artes, por no mencionar que las bellas artes también cultivan el feísmo y valores estéticos que no tienen que ver con la belleza sino con las deformidades más repulsivas, tales como ratas, vómitos, ojos cortados por una navaja de afeitar, &c.

Según otra conocida familia de teorías, con gran presencia en la tradición, lo que caracteriza al arte es la creación de formas sensibles puras, desconectadas de toda función pragmática. El arte, para esta familia de teorías, no sería sino pura creación de la nada o, a lo sumo, del caos. Una creación vista como muchas veces como expresión de un individuo, de un grupo, de una clase, de un pueblo, de una generación o de una etapa histórica. La crítica más importante a esta idea del arte acaso sea que desde una posición materialista no podemos admitir la idea de creación de la nada, o creación desde la sustancia espiritual inagotable de un individuo, grupo, pueblo, &c.

Por último, no es infrecuente señalar como rasgo distintivo del arte el que éste produce experiencias estéticas. La esencia del arte descansa ahora en el efecto que una obra de arte produce en el receptor. Las críticas que podemos hacer a esta concepción son similares a las que dirigíamos a la idea de arte como técnica de construcción de formas bellas. Es evidente que, en uno y otro caso, la definición es demasiado amplia, porque la experiencia estética está presente en otras prácticas, o situaciones ajenas al arte. Además con frecuencia la experiencia estética se define a su vez por el arte, lo que nos conduce a un círculo vicioso.

Por nuestra parte se trata de regresar a una idea de arte capaz de dar cuenta de estas ideas sobre el arte y que al mismo tiempo sea lo suficientemente potente como para reducir estas ideas del arte.

El arte lo entendemos como una estética de segundo grado. El arte es la representación, en segundo grado de la estética (de las cosas) que se nos da en primer grado, y producida por medios técnicos, y repetibles. En cuanto toda institución tiene una materia y una forma, podemos decir que la materia del arte son las mismas apariencias de las cosas y la forma del arte son las técnicas, los modos y recursos con que representamos esa apariencia de primer grado. Una obra de arte de este modo es una manera de re-presentar, por medio de técnicas (forma), la apariencia de las cosas (materia), una apariencia que está siempre mezclada con la apariencia de otras cosas, es parcial, fragmentaria, está des-contextualizada, o sobrevalorada, &c.

El arte es así una técnica por medio de la cual se re-presentan, se reconstruyen, pero también se experimenta transformativamente con la forma sensible de las cosas, con sus modos de aparecer, de presentarse, de desaparecer, de camuflarse, &c.

Las formas, los recursos, por medio de los cuales el arte representa las apariencias de las cosas (metáfora, metonimia, sinécdoque… en literatura; basa, fuste, capitel… en arquitectura…) son formas que van surgiendo e implementándose en el seno de cada categoría artística, en muchas ocasiones a partir de otras formas previas, por diamórfosis.

Pues bien, en la medida en que el arte es una estética de segundo grado, que usa formas procedentes de una tradición, formas con una lógica de concatenación y transformación propia, podemos hablar de que el arte es una actividad que produce obras caracterizadas por un sustancialismo estético actualista. El arte crea obras que segregan a los sujetos en cuanto estas obras se construyen a partir de formas heredadas que concatenan unas con otras según una lógica suprasubjetiva, una lógica que segrega a los sujetos.

Esta idea de arte permite dar cuenta de la situación de retroalimentación entre la estética de primer grado y el arte, pues el arte no sólo re-presenta la apariencia de las cosas, sino también obras de arte previas. De aquí puede partir la consideración de que la naturaleza da la regla al arte, pero también la concepción de que el arte da la regla a la naturaleza.

Esta concepción del arte permite igualmente dar cuenta de la continuidad y a la vez de la diferencia entre bellas artes y artes mecánicas. Las artes mecánicas moderan y canalizan las fuerzas de la naturaleza con vistas a un determinado fin. Las bellas artes moderan y canalizan la estética de las cosas según su legalidad interna, a partir de técnicas heredadas.

En cuanto tiene como finalidad representar, reconstruir, la apariencia sensible de las cosas se entiende que una función del arte sea la mimesis, pues la mímesis es una modulación de la representación, sin que esto quiera decir que la mímesis sea la única modulación de la re-presentación.

En el libro X de la República Platón defiende una concepción del arte como una imitación de una imitación. El arte es entendido en este lugar como una técnica que imita a las cosas, que a su vez imitan a las ideas. La concepción del arte de Platón es una concepción dialéctica, en el sentido de que el arte imita la apariencia de las cosas, siendo la apariencia una vía necesaria de acceso a la verdad, pero en las apariencias se coordinan unas con otras, se rectifican, se clasifican, etc. Con Platón, nosotros también creemos que las obras de arte son re-presentaciones de la apariencia sensible de las cosas, una apariencia sensible donde están ejercitados y ejercitándose conceptos, e ideas, pero no entendidos como ejemplares eternos, sino como ideas histórico-culturales de un grupo.

Kant, por su lado, entiende el arte como el conjunto de obras producidas por el libre juego de las facultades, la libre aplicación de las categorías del entendimiento al material sensible de la sensibilidad. Pero un juego no gratuito, sino un juego basado en la legalidad misma de los propios objetos categorizados. De ahí que la naturaleza pueda dar la regla al arte y Kant pueda decir que el genio es la disposición innata mediante la cual la naturaleza da la regla al arte. Pues las cosas naturales (categorizadas) tienen unas formas estéticas con su propia legalidad. Un mismo rostro puede ser representado de infinidad de formas diferentes, sino por ello dejar de ser identificable. De Kant rescatamos la idea de libre juego a partir de la lógica propia de las cosas categorizadas, pero donde las categorías (artísticas) no son algo connatural a la inteligencia o al entendimiento, sino que son categorías que van surgiendo históricamente en el seno de cada categoría artística (literatura, arquitectura, música, &c.)

En Hegel el arte es la representación sensible de la Idea, o del Espíritu Absoluto. El arte es un momento de esta Idea o Espíritu, el momento sensible de la misma, y por lo tanto puede reconocerse y debe reconocerse en el arte una evolución dialéctica, que el propio Hegel ensaya, y donde los estadios posteriores integran y superan a los precedentes. El arte por lo demás es el mismo espíritu, en su evolución y progreso dialécticos, tal como este espíritu se manifiesta sensiblemente en la realidad, que es idea objetivada. Platón, en un sentido que recuerda a Hegel, en algunos pasajes de su obra habla de un tipo de arte que es producto de las musas y de la inspiración divina, y por lo tanto expresión sensible de las ideas divinas.

Para nosotros el arte no es la manifestación sensible de la idea, sino en todo caso la manifestación sensible de las ideas de un grupo enfrentado a otros, entendiendo las ideas como el modo mismo de organizarse la realidad para dicho grupo, pero a partir de formas y técnicas con una legalidad propia.

El materialismo filosófico de Gustavo Bueno construye su concepción del arte a partir de la noción de sustancialismo estético actualista. Sustancialismo estético actualista dice referencia a una estética producida por el hombre pero que segrega al propio hombre, en cuanto las obras son resultado de formas y técnicas con una legalidad propia dada por encima de la voluntad de los sujetos. El arte es la técnica por medio de la cual se construyen objetos estéticamente sustantivos, esto es, objetos cuya estética es antes producto de la tradición artística y los recursos heredados que de los propios hombres, que son siempre en gran parte moldeados por dicha tradición.

Entre la obra de arte y los procesos económicos, políticos, media la misma relación que entre los motores biológicos, etológicos del cuerpo humano y la persona. La obra de arte debe contar con los procesos económicos, y debe incorporarlos necesariamente, pero la estructura de la obra de arte los desborda e instaura un orden de relaciones nuevo, por ejemplo el orden de relaciones entre obras que se copian unas a otras o se enriquecen unas con otras.

La racionalidad del arte tiene que ver con que el arte es una técnica o un conjunto de técnicas por medio de las cuales los hombres operamos con la forma sensible de las cosas, con las relaciones y proporciones de estas formas, según la legalidad interna de las propias cosas. Por lo tanto por medio del arte, experimentamos con las apariencias de las cosas, tal como se dan ante nosotros y ante terceros, los modos en que estas apariencias se confunden con otras, los modos en que estas apariencias nos seducen, nos engañan, nos conducen y guían acertada o erradamente, &c. Esta concepción del arte da cuenta de la función apagógica que se ha atribuido tradicionalmente al arte.

En suma, la racionalidad y verdad del arte la hacemos consistir en que, en cuanto estética de segundo grado, permite insertar la estética de primer grado en un escenario más potente con el fin de descomponer dicha estética y componerla de otro modo, con los fines pragmáticos más diversos. No es así que el arte no tenga una función pragmática, sino que tiene múltiples y no es reducible a ninguno en particular.

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