Comparaciones impertinentes
El profesor Alberto Hidalgo se cubre las espaldas en su retirada hacia la filosofía política idealista
En primer lugar, García López expone que su intención es criticar con rigor la nota?2 del artículo de Alberto Hidalgo Tuñón «Crítica al 'pensar' de Heidegger desde el Materialismo Gnoseológico», donde éste intenta comparar la filosofía de Heidegger y la de Gustavo Bueno. Según el autor, Hidalgo recurre a una estrategia «parabólica»: introduce una estructura geométrica (parábola) con un foco (el sociologismo), una directriz (la posición del autor), y diferentes contextos (Heidegger y Bueno), para situarse supuestamente con neutralidad entre ambas posturas. García López cuestiona desde el inicio esta maniobra.
A continuación, el autor analiza cómo Hidalgo intenta mantener una posición «equidistante»: por un lado, sitúa a Heidegger en el contexto nazi documentado, y, por otro, alinea a Bueno con el falangismo o el aznarismo, aludiendo a presuntas simpatías por la guerra de Iraq. Pero García López advierte que este segundo polo no tiene respaldo doctrinal ni evidencias comparables a las del primero, por lo que la comparación carece de equilibrio real.
Después, se argumenta que, al no existir evidencias históricas comparables en el caso de Bueno, la parábola propuesta por Hidalgo se descalabra desde el principio. Además, sostiene que los contextos históricos de España y Alemania son incomparables: mientras que Alemania vivió el nazismo, España recurrió a la guerra de Iraq bajo condiciones geopolíticas totalmente distintas. Por tanto, no cabría una comparación simétrica entre ambos contextos filosóficos y políticos.
Seguidamente, García López señala que el materialismo filosófico, la tradición desde la que Hidalgo pretende criticar a Heidegger, ya dispone de recursos conceptuales para neutralizar el sociologismo sin necesidad de acudir a Jacques Derrida y Félix Duque. El autor sugiere que, mediante la propia estructura del materialismo de Bueno, esa crítica sería más sólida y coherente, sin recurrir a estrategias discursivas tan arbitrarias como la parábola.
En un nuevo plano, el autor reprocha a Hidalgo no contar con una teoría alternativa de la guerra que logre sustanciar sus críticas a la postura de Bueno. Le resulta insuficiente el planteamiento kantiano contra el «fundamentalismo religioso» o las psicosociologías que atribuye a Bush, y reclama un tratamiento filosófico más profundo y menos fragmentado para explicar procesos bélicos como la de Iraq, la del Golfo o intervenciones históricas anteriores.
Por último, García López concluye que hasta que Hidalgo no formule una teoría de la guerra capaz de operar con la misma fuerza explicativa que la de Bueno —y que abarque tanto fenómenos contemporáneos como históricos— sus críticas permanecerán en el terreno de la superficialidad y el mero formalismo académico, sin aportar sustancia real al debate filosófico sobre Heidegger y el materialismo.
En conjunto, el autor denuncia la falsedad de la estructura argumental de Hidalgo, desmonta la supuesta equidistancia de su parábola y subraya la necesidad de herramientas conceptuales sólidas desde una perspectiva materialista que permitan abordar sin ambigüedades la crítica al pensamiento heideggeriano.