El mito de la extrema derecha

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El mito de la extrema derecha es un concepto filosófico desarrollado por Joaquín Robles López a partir de su ponencia homónima pronunciada el 20 de mayo de 2019 en la Escuela de Filosofía de Oviedo. El planteamiento se inscribe en el marco teórico del materialismo filosófico de Gustavo Bueno y pretende ampliar las tesis expuestas por este autor en El mito de la izquierda y El mito de la derecha. En este contexto, el término designa una construcción ideológica que, bajo la forma de mito político, oscurece la comprensión de determinadas posiciones doctrinales contemporáneas mediante la atribución indiscriminada del rótulo de “extrema derecha”.

Robles parte de la premisa de que los conceptos de “izquierda” y “derecha” constituyen un embrollo terminológico cuya clarificación exige el método propuesto por Bueno: partir de los fenómenos, proceder a su clasificación y, finalmente, alcanzar sus fundamentos. En este proceso, el mito no se entiende como simple falsedad irracional, sino según una acepción próxima a la de “fábula” que, sin ajustarse estrictamente a la realidad, la reorganiza simbólicamente y puede contribuir tanto a esclarecer como a confundir.

Siguiendo la tipología buenista, los mitos se clasifican en luminosos, neutros y tenebrosos (u oscurantistas). Los primeros facilitan la inteligibilidad de realidades complejas mediante analogías (como el mito de la caverna platónica); los segundos cumplen funciones descriptivas o heurísticas; los terceros distorsionan los fenómenos e impiden su análisis. El mito posee, por tanto, una racionalidad propia de carácter analógico: reordena un campo extraño o no manipulable mediante comparaciones con ámbitos cercanos y operables. De este modo, ciertos modelos científicos —como la analogía de Huygens entre la luz y las ondas del agua o el modelo del Big Bang— pueden interpretarse como construcciones míticas en sentido funcional, sin que ello implique falsedad.

En las sociedades modernas, sostiene Robles, los mitos no desaparecen sino que se transforman en ideologías, del mismo modo que la técnica se convierte en tecnología. La cuestión decisiva es si cumplen una función esclarecedora o encubridora.

La reconstrucción histórica del concepto se apoya en la clasificación de las derechas elaborada por Gustavo Bueno, que distingue tres tipos principales:

  • la derecha primaria, vinculada al Antiguo Régimen y posteriormente a formas tradicionalistas;
  • la derecha liberal, moderada, que daría lugar a lo que hoy se denomina centro-derecha;
  • la derecha socialista, categoría polémica que remite a posiciones que, pese a su autodefinición progresista, mantienen estructuras políticas jerárquicas o corporativas.

Desde esta perspectiva, Robles subraya que la derecha no existe como entidad autónoma previa, sino que se configura dialécticamente frente a la izquierda. En este proceso surge el término “extrema derecha” en el siglo XIX, particularmente tras las revoluciones de 1820 y 1848, aplicado a corrientes tradicionalistas, clericales o contrarrevolucionarias no moderadas por el liberalismo.

Durante el periodo de entreguerras, la expresión quedó asociada al fascismo y al nacionalsocialismo. En la España contemporánea, su uso se reactivaría en distintos momentos del debate político reciente, adquiriendo, según Robles, una función retórica más que analítica.

La tesis central de Robles sostiene que la etiqueta “extrema derecha” opera hoy como un mito tenebroso en el sentido buenista: una construcción ideológica que encapsula argumentos, simplifica posiciones y desactiva el debate al presentar como evidente una caracterización previa. En este esquema, términos como “facha” o “fascista” actuarían como dispositivos retóricos que invalidan al interlocutor antes de la discusión racional.

Para desmontar ese mito, Robles propone una clasificación pragmática inspirada en la teoría del cierre categorial de Bueno, distinguiendo tres ejes de análisis:

  • Sintáctico, referido a los dualismos ideológicos (izquierda/derecha, bien/mal) que estructuran el discurso político.
  • Semántico, que separa el momento tecnológico (prácticas, símbolos, imágenes) del etimológico o ideológico (justificaciones doctrinales).
  • Pragmático, centrado en las normas, los dialogismos, discursos y acciones efectivas.

Desde esta perspectiva, el mito de la extrema derecha se manifestaría en diversos planos: simbólico (uso político de banderas, emblemas o referencias históricas), sociológico (atribución de rasgos como machismo, racismo o autoritarismo) y doctrinal (interpretación de posiciones sobre unidad nacional, inmigración, familia, aborto, eutanasia o religión). En cada caso, la etiqueta funcionaría como una generalización que, según Robles, impide diferenciar entre programas políticos concretos y fenómenos históricos distintos.

Uno de los núcleos del análisis es la cuestión de la identidad política y la unidad estatal. Robles examina el conflicto entre nacionalismo estatal, europeísmo y posiciones cosmopolitas, interpretándolo como una disputa sobre el modo de inserción de España en marcos políticos más amplios. La defensa de la soberanía nacional, el centralismo administrativo o la igualdad jurídica entre territorios es presentada como uno de los campos donde el calificativo de “extrema derecha” operaría como mito político.

El autor aplica también esta lógica a cuestiones como la inmigración, la organización territorial, la educación o la sanidad, interpretando las posiciones enfrentadas como expresiones de distintos modelos de Estado y de ciudadanía.

Una parte significativa de la ponencia se centra en lo que Robles denomina “criterio indefinido”, en conexión con la noción buenista de izquierda indefinida. Bajo este rótulo agrupa discursos psicológicos, sociológicos, ecológicos o morales que, al situarse más allá de la estructura política del Estado, tenderían a convertir debates técnicos en confrontaciones simbólicas.

Así, categorías como “machismo”, “racismo”, “homofobia”, “clericalismo”, “antiecologismo” o “irracionalismo” serían utilizadas en ocasiones como signos identitarios más que como descripciones empíricas, integrándose en una retórica polarizadora que refuerza el mito de la extrema derecha. El resultado sería un esquema maniqueo que opone sistemáticamente posiciones morales (dialogante/violento, moderno/reaccionario, progresista/retrogrado) y reduce la complejidad del campo político.

En términos filosóficos, el “mito de la extrema derecha” se presenta como una categoría crítica destinada a analizar el uso ideológico del lenguaje político. No se trata, en este marco, de negar la existencia histórica de movimientos radicales, sino de cuestionar la extensión indiscriminada del término a realidades heterogéneas y su conversión en una etiqueta totalizadora.

El concepto se inscribe en una teoría general de los mitos políticos según la cual las sociedades modernas continúan produciendo relatos estructuradores que organizan la percepción pública de los fenómenos. Estos relatos pueden tener funciones heurísticas (mitos luminosos) o encubridoras (mitos tenebrosos). Robles sitúa el mito de la extrema derecha en este segundo grupo, al considerarlo un instrumento retórico que oscurece la realidad política y sustituye el análisis por la clasificación previa.

La propuesta de Robles depende estrechamente del sistema de Gustavo Bueno, especialmente de su análisis de las categorías políticas modernas, su teoría de los mitos y su concepción de la racionalidad analógica. En este marco, la política se entiende como un campo estructurado por Estados en conflicto, y las ideologías como configuraciones simbólicas que median entre las prácticas y las doctrinas.

El “mito de la extrema derecha” aparece así como un caso particular de mitificación política contemporánea: un dispositivo conceptual que, en lugar de clarificar, contribuye —según esta interpretación— a reorganizar el debate en términos emocionales y maniqueos.

La noción no constituye una categoría académica consolidada en la teoría política general, sino una elaboración filosófica situada dentro del entorno intelectual del materialismo filosófico español. Su interés radica principalmente en el análisis del lenguaje político y en la reflexión sobre los mecanismos simbólicos que operan en la construcción de identidades ideológicas en las democracias contemporáneas.