Gnoseología de la Literatura

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Estas tesis son una desviación del materialismo filosófico.

Por Jesús G. Maestro

La Gnoseología de la Literatura es la Teoría del conocimiento de los materiales literarios. Como tal teoría, exige explicar los fundamentos materiales sobre los cuales está construida. Desde la Gnoseología de la Literatura se impugna y rechaza la epistemología de la Literatura, desde el momento en que esta última plantea el estudio de la literatura desde la oposición Sujeto / Objeto, la cual conduce al idealismo, a la subjetivación de la interpretación literaria y a la irrealidad de muchas de sus conclusiones. En su lugar, la Gnoseología de la Literatura se fundamenta en la conjugación solidaria y dialéctica de la Materia y la Forma de los hechos literarios.

Modos científicos trascendentes de conocimiento literario

Son procedimientos ejecutivos de interpretación de los materiales literarios que permiten identificar el modus operandi de las ciencias, disciplinas y teorías de la literatura, de acuerdo con cuatro modalidades fundamentales: Descripcionismo, Teoreticismo, Adecuacionismo y Circularismo. Estos cuatro modi sciendi son trascendentes a los materiales que constituyen el campo categorial de cada ciencia. Cada uno de ellos está determinado por el modo en que relacionan los materiales que se estudian y la forma en que se estudian.

Descripcionismo

Está en la base de la Poética de Aristóteles, y se mantiene vigente sin fisuras hasta el fin de la Ilustración, con importantes resurgimientos puntuales protagonizados por los movimientos positivistas (biografismo, historicismo, neogramática, lingüística, lógica???)

Teoreticismo

Está en la base de todas las teorías literarias formalistas, funcionalistas y posestructuralistas del siglo XX.

Adecuacionismo

Son adecuacionistas las ideas fenomenológicas de Romano Ingarden sobre la obra de arte literaria, la hermenéutica gadameriana, la estética de la recepción de Jauss, la idea de lector implícito de Iser, la teoría de los polisistemas de Even-Zohar, entre otras varias tendencias.

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Circularismo

En el ámbito de la investigación literaria, la figura del transductor es pieza clave en la ejecución del circularismo, como sujeto operatorio ejecutante de toda interpretación mediatizada, es decir, como agente responsable de la transmisión y transformación del sentido de los materiales literarios. Serán circularistas todas las teorías literarias que hayan alcanzado y asumido el cierre categorial de los materiales literarios, cuyos términos son el autor, la obra literaria, el lector y el intérprete o transductor.


Modos científicos inmanentes de conocimiento literario

Los Modos científicos inmanentes de conocimiento literario son procedimientos ejecutivos de interpretación de los materiales literarios que permiten establecer y desarrollar relaciones operatorias entre los términos constituyentes del campo categorial de la Teoría de la Literatura, de acuerdo con cuatro figuras gnoseológicas fundamentales: Definiciones, Clasificaciones, Demostraciones y Modelos.

Los modelos son figuras gnoseológicas que se basan en procedimientos solidarizantes o contextualizantes, es decir, que constituyen Relaciones a partir de Términos (R < T). Es el modo operatorio en el que se basa la Literatura Comparada como metodología: porque a partir de los términos del campo categorial de la literatura (autor, obra, lector, transductor) establece entre ellos relaciones o, si se prefiere, comparaciones, ejecutadas o interpretadas por el comparatista en tanto que sujeto operatorio o investigador. Las relaciones generadas por los Modelos se construyen según dos tipos de criterios. En primer lugar, las relaciones pueden ser isológicas (dadas entre términos de la misma clase: autor con autor, obra con obra???) o sinalógicas (dadas entre términos de clases diferentes: un autor en una obra, una obra en un lector, un autor en un lector???). En segundo lugar, las relaciones pueden ser distributivas (dadas con el mismo valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en una totalidad de lectores, como por ejemplo Amadís de Gaula en los lectores españoles de libros de caballerías del siglo XVI) o atributivas (dadas con distinto valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en un lector concreto y distinto de los demás, como por ejemplo la lectura que hace Unamuno del Quijote en 1905 en su Vida de don Quijote y Sancho, o la que hace Borges en 1982 de la Divina commedia en sus Nueve ensayos dantescos).


Crítica de la Teoría de la Literatura

La Gnoseología de la Literatura dispone una crítica de las formas y materiales literarios capaz de clasificar en tres grandes grupos los múltiples intentos y operaciones de formalización categorial y conceptual de la Literatura a lo largo de la Historia, según se tome como referencia el criterio académico o institucional (disciplinas), el epistemológico o idealista (poéticas), y el gnoseológico o lógico-material (ciencias).

Crítica academicista

La crítica academicista de las teorías literarias sostiene un concepto de ciencia que no se corresponde con ninguna de las acepciones reconocidas para este término por la Teoría del cierre categorial, al identificar pseudopedagógicamente conocimientos científicos con disciplinas metodológicas, es decir, al reducir el concepto de Ciencia a la idea de «disciplina», reducción que, implantada históricamente, equivale a subordinar la ontología constituyente de categorías científicas y campos categoriales a la organización, con frecuencia acrítica y doxográfica, de los contenidos formales de tales campos.

Crítica epistemológica

Desde una perspectiva crítica dada epistemológicamente, las teorías literarias se han desarrollado a lo largo de la historia tomando como referencia exclusiva y excluyente uno de los términos o materiales literarios fundamentales del campo categorial de la literatura, esto es, el autor, la obra literaria, el lector o el crítico o transductor. Históricamente ha sido posible identificar una serie de paradigmas en el desarrollo de la teoría literaria, en los que se observa un desplazamiento que va del emisor al receptor, alcanzando incluso a los mediadores, post-procesadores o transductores del fenómeno literario. En primer lugar, se encuentra la teoría aristotélica (poética mimética), que perdura hasta finales del siglo XVIII, y se fundamenta en el concepto de imitación como principio generador del arte. En segundo lugar, surgen las poéticas de autor, a partir del idealismo alemán, cuyos fundamentos epistemológicos llevan al ser humano a concebir el arte como un proceso de creación, a partir de modelos de realidad asimilados por el pensamiento subjetivo; este modelo de interpretación literaria desemboca a lo largo del siglo XIX en la historiografía positiva y el objetivismo histórico, frente al que surgen, en tercer lugar, las corrientes de la denominada poética formal, centradas en el análisis de los procedimientos textuales (mensaje), y a las que sucederán, desde mediados del siglo XX, las teorías sobre la poética de la recepción, que centran su objetivo principal en los análisis de lectura y la historia de los procesos de recepción (lector). Con estas últimas tendencias entronca el extraordinario desarrollo alcanzado por la pragmática de la literatura a lo largo de los últimos años, que se ha diseminado con pretensiones de totalidad, y que finalmente ha degenerado a través de los más variopintos posestructuralismos en pseudoteorías literarias posmodernas, cuyo límite es el desvanecimiento o hundimiento de la teoría.

Crítica gnoseológica

Las diferentes teorías de la literatura habrán de examinarse tomando como referencia la realidad ontológica que las constituye y hace posible. Esa realidad ontológica se construye y está organizada en los tres géneros de materialidad de la ontología especial en la que se determinan formalmente los materiales literarios: el mundo físico (M1), el mundo fenomenológico (M2) y el mundo lógico (M3). El modelo epistemológico hacía descansar el peso de la ontología literaria no sobre los tres géneros de materialidad del Mundo Interpretado (Mi), sino sobre uno de ellos en especial: el mundo fenomenológico (M2), cuyo protagonista es la psique del sujeto, que hace de la literatura un epifenómeno de su personal poética de lo imaginario y que convierte los materiales literarios en un hecho privativo de su conciencia. Mientras que la gnoseología de la literatura se construye sobre la crítica de las formas y los materiales literarios, esto es, sobre la ontología de la literatura efectivamente existente, la epistemología de la misma literatura se basa en la interpretación subjetiva del yo, idealizada en las categorías del entendimiento trascendental de cada conciencia individual. La crítica gnoseológica podrá asumirse como una interpretación dialéctica y negativa de la epistemología literaria contemporánea.

Véase también: