La fórmula «Mi contenidas en E contenidos en M» aplicada a la música
La fórmula «Mi ⊂ E ⊂ M» aplicada a la música
Vicente Chuliá
El Catoblepas · número 193 · otoño 2020
El artículo analiza la aplicación del materialismo filosófico al ámbito musical, centrándose en la fórmula «Mi ⊂ E ⊂ M», que vincula las materialidades musicales (Mi), los sujetos operatorios (E) y la materia ontológico-general (M). Desde esta perspectiva, la música es concebida como un fenómeno integrado que articula elementos materiales (instrumentos y vibraciones), operaciones humanas (percepción, memoria y acción) y conceptos teóricos. Este enfoque supera las visiones idealistas o subjetivistas tradicionales, destacando la interacción dinámica entre estos niveles.
El sujeto musical, identificado como un ego trascendental, es quien media y articula las resonancias sentimentales, controlando y unificando los elementos materiales y conceptuales. A partir de la idea de mélos perfecto, se redefine la música como un ensamblaje que une cuerpo, sonido e ideas, produciendo una totalidad estética y funcional. La obra musical se presenta no como un ser estático, sino como un «estar» que toma forma en el acto de recepción y ejecución, involucrando discontinuidades y pluralismos. Estas discontinuidades, lejos de ser un problema, refuerzan la riqueza del fenómeno musical, permitiendo replantear constantemente las relaciones entre sus elementos.
El texto destaca la interacción entre el proceso de producción y la recepción musical, donde la memoria juega un rol esencial en la unificación de los elementos sonoros. La música se entiende como una síntesis de ciencia, arte y sociedad, donde la recepción activa del oyente es crucial para totalizar las partes dispares en una experiencia coherente. Se aborda también la relación entre las coordenadas tonales y las estructuras sociales, argumentando que las melodías y contrapuntos son expresiones culturales profundamente arraigadas en un contexto histórico y filosófico.
El artículo resalta la importancia de entender la música no como un fenómeno monolítico, sino como una estructura compleja y dinámica en la que intervienen discontinuidades, pluralismos y resonancias emocionales. Estas características permiten diferenciar estilos y compositores, mostrando cómo la música refleja las tensiones y contradicciones propias de la materia ontológico-general, convirtiéndola en un campo privilegiado para explorar la interacción entre la teoría filosófica y la práctica artística.