Los intelectuales: los nuevos impostores
El autor critica el concepto de "intelectuales" y los considera "impostores". Argumenta que los intelectuales se presentan como si tuvieran un entendimiento eminente y hablan en nombre de la razón y la ilustración, pero en realidad no tienen ninguna autoridad especial. Son un "grupo pequeñísimo" que se arroga el monopolio de la inteligencia.
Según el autor, los intelectuales funcionan mejor como una clase distributiva pura, no asociativa. Su papel es criticar y comentar sobre temas comunes, no representar a ninguna institución o comunidad en particular. Al asociarse en grupos grandes y pretender hablar en nombre de la comunidad intelectual, pierden su papel crítico y se convierten en "mediadores" e "impostores".
El autor concluye que aunque los intelectuales se reúnen en congresos y asociaciones, esto es más aparente que real. Cada intelectual sigue hablando en nombre de su propia clientela. Cuando el público se da cuenta de que los intelectuales no tienen ninguna autoridad especial, rechazarán sus servicios y los intelectuales se quedarán sin su función.