Martín Lutero
Martín Lutero (1483-1546) fue un fraile agustino, teólogo y agitador religioso alemán cuya rebeldía contra la Iglesia de Roma provocó la mayor fractura del cristianismo occidental desde el cisma de Oriente. Nacido en Eisleben, ingresó en la orden de los Ermitaños de San Agustín y alcanzó el doctorado en teología por la Universidad de Wittenberg. Durante sus estudios de jurisprudencia en Erfurt se familiarizó con Aristóteles y, sobre todo, con la tradición nominalista de Guillermo de Occam y Gabriel Biel, autores que dejaron una huella duradera en su modo de pensar.
En 1517, aprovechando la campaña de venta de indulgencias promovida por el dominico Juan Tetzel, clavó o hizo públicas sus noventa y cinco tesis, un acto que, más allá de la disputa concreta sobre las indulgencias, contenía ya los gérmenes de una crítica radical a la autoridad doctrinal y sacramental de Roma. Convocado a dar explicaciones, evitó el viaje a Roma gracias a influencias políticas y se enfrentó en Augsburgo (1518) al cardenal Tomás de Vio (Cayetano), sin retractarse. Al año siguiente, en la disputa de Leipzig contra Juan Eck, endureció sus posiciones y comenzó a cuestionar abiertamente la infalibilidad papal y los concilios. En 1520, León X lo condenó mediante la bula Exsurge Domine; Lutero respondió quemando públicamente la bula y varios libros de derecho canónico.
Protegido por príncipes alemanes, compareció ante la Dieta de Worms en 1521, donde se negó a retractarse, consolidando su imagen de hombre irreductible. Excomulgado y puesto fuera de la ley, encontró refugio en Wartburg, donde inició su traducción de la Biblia al alemán, obra que ejercerá una influencia decisiva en la lengua y la cultura germánicas. En los años siguientes su movimiento se radicalizó: en 1524-1525 se enfrentó duramente con Erasmo de Rotterdam en la célebre polémica sobre el libre albedrío, en la que Lutero defendió una posición rigurosamente agustiniana y determinista, negando prácticamente toda capacidad moral al hombre caído. En 1529 fracasó el intento de concordia con Zwinglio en Marburgo, y en 1530 Felipe Melanchthon presentó en su nombre la Confesión de Augsburgo ante la Dieta imperial, texto que acabó convirtiéndose en el principal símbolo de fe del luteranismo.
Lutero veneraba a San Agustín como el gran intérprete de San Pablo, especialmente en lo referente a la justificación por la sola fe, la corrupción radical del hombre y la soberanía absoluta de la gracia divina. Su pensamiento teológico, expresado en un alemán vigoroso y a menudo violento, y en latín escolástico, se caracteriza por un fuerte pesimismo antropológico y una hostilidad declarada hacia la razón cuando esta pretende juzgar las verdades de la fe.
Figura apasionada, tosca y de temperamento colérico, Lutero combinó una religiosidad intensa con un lenguaje grosero y una notable intransigencia hacia quienes disentían de él, fueran católicos, campesinos rebeldes, judíos o reformadores más radicales. Su éxito no se explica solo por sus ideas teológicas, sino también por el hábil apoyo de los príncipes alemanes, interesados en liberarse del poder y de los impuestos eclesiásticos. Su legado es, sin duda, inmenso: fragmentó irreversiblemente la cristiandad, contribuyó a la configuración de la modernidad y dio origen a una nueva confesión cristiana, pero también desencadenó guerras de religión y profundos conflictos que marcaron Europa durante siglos.
| «Lutero es el mal, el principio del mal. Lo he leído mucho y es el representante genuino del irracionalismo frailuno, del subjetivismo puro, la antítesis del racionalismo. No hay una figura similar en todo el mundo griego. Es un fraile agustiniano llevado al límite: está totalmente desesperado, confía en un Dios, en una fe transmitida a través de la Biblia, a través de Gutenberg. Es la fe. En el catolicismo esto no ocurre porque lo importante son las obras; la fe queda muy domesticada por las obras y eso da mucho más margen a la duda, a la crítica y a la razón». (Gustavo Bueno) |
Enlace de interés
- Juan Antonio Hevia Echevarría, «Sobre Lutero y sus mentiras», El Catoblepas, núm. 52 (2006), Nódulo materialista.