Materialismo Alvargonzález ¿basura desvelada o basura fabricada?

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Escuela de Filosofía de Oviedo

Joaquín Robles

Materialismo Alvargonzález ¿basura desvelada o basura fabricada?


Robles comienza aclarando el título de su conferencia, que podría malinterpretarse si se toma el término «basura» en un sentido axiológico (valorativo). En cambio, lo emplea en un sentido «operatorio», refiriéndose a la «barredura» de elementos que Alvargonzález considera erróneos o contradictorios en el sistema de Bueno. Según Alvargonzález, su trabajo habría pulido el materialismo filosófico, eliminando inconsistencias y mejorándolo desde dentro, hasta el punto de proclamarse el «filósofo materialista» por excelencia. Robles, sin embargo, sostiene que esta «barredura» es una fabricación de Alvargonzález, basada en tergiversaciones de los textos de Bueno, y que sus propuestas originales no son compatibles con la ontología y la gnoseología del materialismo filosófico. Su tesis central es que Alvargonzález no ha corregido el sistema, sino que ha construido uno distinto, alejado de los principios de Bueno.

Robles organiza su crítica en 12 tesis, reducidas desde las 18 propuestas originalmente por Alvargonzález, debido a limitaciones de tiempo. Estas tesis no siguen el orden del libro de Alvargonzález, sino un criterio temático que prioriza los puntos más relevantes para la refutación. Además, Robles enfatiza que su enfoque es argumentativo, evitando «encapsulamientos» (etiquetas como «realista» o «positivista») y centrándose en los argumentos, en línea con la postura de Alvargonzález de que éstos deben prevalecer sobre las clasificaciones.

Uno de los puntos centrales de la crítica de Robles es la concepción de los mitos en Alvargonzález, que considera irracionales y dogmáticos. Alvargonzález argumenta que los mitos, propios de culturas prefilosóficas, son narraciones fijadas por la tradición, incapaces de rectificación, lo que los hace irracionales en contraste con la racionalidad dialógica de la filosofía o la ciencia. Robles refuta esta idea, argumentando que la distinción entre racionalidad e irracionalidad no puede basarse únicamente en la capacidad de rectificación, ya que esta es propia de la racionalidad instrumental (beta-operatoria), pero no de toda racionalidad. Por ejemplo, los teoremas matemáticos, que son inmutables, no serían racionales bajo este criterio, lo que resulta absurdo.

Robles, siguiendo a Bueno, sostiene que la irracionalidad no es una condición originaria, sino que surge de la confluencia de cursos racionales paralelos que no se integran (como intentar «matar moscas a cañonazos»). Los mitos, lejos de ser irracionales, tienen una racionalidad propia, basada en la analogía de proporcionalidad, que permite explicar fenómenos complejos o no manipulables mediante referencias cercanas. Por ejemplo, el mito de la caverna de Platón es «luminoso» porque arroja luz sobre la idea del bien, mientras que otros mitos pueden ser «tenebrosos» si oscurecen problemas, a menudo por intereses ideológicos.

Además, Robles critica la idea de Alvargonzález de que los mitos no evolucionan. Aunque los mitos escritos puedan parecer fijos, en un plano cultural sí se adaptan, como en el caso de la reelaboración de «Caperucita roja», donde el lobo pasa de villano a héroe bajo influencias ecologistas o animalistas. Esta evolución demuestra que los mitos no son dogmáticos, sino dinámicos, y que su racionalidad es esencial para la filosofía, especialmente en la construcción de la ontología general, que Alvargonzález rechaza como metafísica.

Otro eje importante de la exposición es la controversia sobre la verdad de las religiones primarias, un debate que Robles y Alvargonzález sostuvieron a principios del siglo XXI. Alvargonzález sostiene que los númenes animales de las religiones primarias son construcciones mitológicas proyectivas, resultado de una composición de elementos humanos y animales (teriantropía), lo que implica que no tienen una verdad objetiva, sino una naturaleza psicológica o imaginaria. Robles argumenta que esta postura arruina la posibilidad de una filosofía materialista de la religión, ya que reduce la religión a un fenómeno de falsa conciencia, delegando su estudio a la psicología en lugar de la filosofía.

Robles defiende la posición de Bueno, según la cual las religiones primarias tienen una verdad «emic» (interna) y «etic» (externa), sustentada en un argumento ontológico religioso. Este argumento postula que los númenes animales no son meras proyecciones, sino que están anclados en la realidad de los animales, que actúan como benefactores o malhechores en la experiencia humana. La numinosidad animal, por tanto, no es una alucinación, sino una «luminosidad real» que surge de la interacción corpórea entre hombres y animales, procesada a través del lenguaje y los relatos míticos.

Robles acusa a Alvargonzález de tergiversar un texto de Bueno («El animal divino», p. 232), donde se menciona la importancia del lenguaje y los relatos míticos en la formación de los númenes. Alvargonzález interpreta este pasaje como una confirmación de su teoría, pero Robles argumenta que Bueno no reduce la numinosidad a una proyección mitológica, sino que la vincula a la realidad objetiva de los animales, complementada por el lenguaje. La distinción clave es que la luminosidad procede de los animales, no de los relatos, lo que refuta la interpretación de Alvargonzález.

Robles también aborda la crítica de Alvargonzález a la postura de Bueno sobre el aborto. Alvargonzález considera que la posición de Bueno, que condena el aborto provocado, es «imprudente» y contradictoria con los principios éticos del materialismo filosófico. Además, cita una estadística de 2014 según la cual los países con legislaciones más laxas tienen menos abortos, mientras que las restrictivas fomentan abortos clandestinos. Robles refuta esta afirmación, presentando datos de 2020 que muestran que países como Vietnam y Cuba, con legislaciones muy permisivas, tienen las tasas de aborto más altas (62 y 59 por cada 1000 mujeres, respectivamente), mientras que Italia, con una legislación restrictiva, tiene tasas más bajas.

Robles defiende que la doctrina de Bueno sobre el aborto es coherente con sus presupuestos éticos, que priorizan la protección de la vida humana desde una perspectiva materialista, sin recurrir a consideraciones metafísicas. En cambio, la propuesta de Alvargonzález de establecer un plazo para justificar el aborto carece de fundamento filosófico, científico o político, y refleja una postura más pragmática que teórica.

Un punto crucial de la crítica de Robles es la negación por parte de Alvargonzález de la ontología general y el ego trascendental, que considera metafísicos. Alvargonzález sostiene que la ontología debe construirse únicamente a partir de las categorías del ser (M1, M2, M3) y del hacer (praxis y técnicas), excluyendo la ontología general y reduciendo M1, M2 y M3 a distinciones epistemológicas. Robles argumenta que esta postura es insostenible, ya que las ciencias categoriales no agotan la realidad, y la ontología especial (que Alvargonzález privilegia) no puede entenderse sin la ontología general.

El ego trascendental, según Bueno, no es un ente metafísico, sino el constructor del «mapa mundi», un mito luminoso que organiza la comprensión del mundo. Robles subraya que los sujetos no operan de forma aislada, sino en instituciones que presuponen un lenguaje y una tradición, los cuales trascienden al sujeto individual y requieren el ego trascendental. Sin éste, no es posible explicar cómo las ciencias construyen el mundo, ya que la ciencia no se limita a descubrir una «terca realidad» preexistente, como parece insinuar Alvargonzález, sino que lo transforma activamente.

Robles critica la concepción de Alvargonzález de una «terca realidad» como una realidad dada al margen del sujeto, lo que implica una teoría de la verdad como desvelamiento (aletheia), en lugar de una teoría circularista, que reconoce la interacción entre sujeto y objeto. Esta perspectiva, según Robles, lleva a Alvargonzález a una epistemología descripcionista para las ciencias físico-químicas, adecuacionista para las ciencias históricas, y teoreticista para las matemáticas, lo que contradice la clasificación gnoseológica de Bueno, que integra materia y forma.

Robles dedica un apartado a la interpretación de Alvargonzález sobre la idea del tiempo en Bueno. Alvargonzález sugiere que Bueno reduce el tiempo a una entidad de M2 (contenidos psicológicos o subjetivos), asimilándolo a la concepción kantiana del tiempo como intuición pura de la sensibilidad interna. Robles refuta esta interpretación, argumentando que Bueno no limita el tiempo a M2, sino que lo considera presente en M1 (como en las ecuaciones de la cinemática) y M3 (como relaciones ideales). La confusión de Alvargonzález surge de una lectura parcial que ignora la multidimensionalidad del tiempo en el materialismo filosófico.

Robles aborda brevemente la crítica de Alvargonzález a la teoría de juegos de Bueno, quien clasifica las metodologías de los juegos como beta-operatorias (técnicas). Alvargonzález sostiene que juegos como el «nim» son reducibles a metodologías alfa (formales), pero Robles replica que los algoritmos, incluso en disciplinas formales, son beta-2, ya que están orientados a prácticas concretas, como los algoritmos de recomendación de YouTube.

En la introducción de su libro, Alvargonzález afirma que los análisis filosóficos en diferentes ámbitos (epistemología, ontología, antropología, ética, etc.) deben estar coordinados y ser compatibles. Robles considera esta exigencia problemática, ya que las partes de un sistema filosófico no están necesariamente conectadas en un sentido voluntarista. La conexión entre disciplinas en el materialismo filosófico surge de su estructura regresiva, no de un «deber ser» impuesto. Además, Robles critica la presentación de Alvargonzález de estas disciplinas como una lista de temas académicos, lo que refleja una perspectiva profesoral, no filosófica.

Finalmente, Robles señala una confusión en el libro de Alvargonzález entre materialismo metodológico (como enfoque crítico frente a la teología) y materialismo ontológico (como afirmación de la realidad material). Aunque Bueno construye su sistema en oposición a la teología natural, reinterpretando las ideas de Dios (M3), mundo (M1) y alma (M2) en términos de correspondencia, Alvargonzález parece deslizarse hacia una lectura que no distingue claramente entre ambos enfoques, lo que debilita su crítica.