Teodoro Ilich Oizerman

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Teodoro Ilich Oizerman

Teodoro Ilich Oizerman (n. 1914). Filósofo ruso-soviético nacido en Tiráspol (nominalmente perteneciente a Moldavia, pero de facto capital de la autoproclamada República de Transnistria) en el seno de una familia de profesores matemáticos.

Vida

En los años 30 entró como aprendiz de calderero en una fábrica-taller dedicada a la reparación de locomotoras, continuando como electricista en la industria metalúrgica. Paralelamente a su trabajo, estudió en régimen nocturno en la Universidad Laboral, consiguiendo entrar en la Facultad de Filosofía de Moscú en el Instituto de Filosofía, Literatura e Historia, siendo discípulo de V. F. Asmus.

En 1938 se graduó en el Instituto de Filosofía, Literatura e Historia de Moscú, ingresando en la escuela de postgrado del Departamento de Historia de la Filosofía del mismo instituto. En 1941 defendió su tesis de capacitación científica, titulada «La doctrina marxista-leninista sobre la transformación de la necesidad en libertad», ante un tribunal formado por P. F. Iudin, M. T. Iovchuk y M. A. Dynnik, siendo su director G. F. Alexandrov. Una vez doctorado, entró como profesor en la Universidad Estatal de Moscú, trabajando además en las revistas Bolchevique y Vanguardia Proletaria. Tras la invasión de la Unión Soviética, fue movilizado como oficial de instrucción política de una división de defensa antiaérea, entrando ese mismo año en el PCUS, siendo finalmente condecorado con la Orden de la Estrella Roja de segundo grado.

Una vez desmovilizado, volvió a su puesto de profesor en la Universidad Estatal de Moscú, llegando a desempeñar el papel de jefe del Departamento de Historia de la Filosofía en 1949, donde preparó su tesis doctoral, «El desarrollo de la teoría marxista en la experiencia de las revoluciones de 1848», defendida en 1951. Su ascenso académico continúo con su entrada como profesor en la Escuela Superior del Partido Comunista, adscrita al Comité Central del PCUS (1962), hasta llegar a ser en los años siguientes profesor en el Instituto de Filosofía de la Academia de las Ciencias de la URSS (1971-1987). Fue miembro del Instituto Internacional de Filosofía de París; es doctor honoris causa por la Universidad de Jena (1981). Ganó el Premio Lomonósov en 1965 por su estudio La formación de la filosofía marxista, contra las ideas de Althusser y su corte epistemológico. Pertenece a la Academia de las Ciencias de Rusia.

Periodo postsoviético

Tras la caída de la Unión Soviética ha continuado defendiendo la labor realizada por la filosofía soviética en varias ocasiones y de modo polémico. Por ejemplo, contestando el artículo «¿Existe una lógica dialéctica?» de V. Svintsov, quien argumentaba la insolvencia de semejante proyecto. T. I. Oizerman argumentó que la lógica formal no agota la lógica y que todo el trabajo y la ingente cantidad de monografías sobre lógica dialéctica producida en el periodo soviético no podía estar vacía de contenido. T. I. Oizerman pertenece a la «vieja guardia» de la filosofía soviética y critica duramente a «aquellos que han traicionado y olvidado al marxismo como si nunca hubiera existido en sus vidas» («¿Existen problemas lógicos fuera de la lógica formal?», 1993).

Fue uno de los 32 firmantes del manifiesto conjunto de filósofos y científicos rusos contra la proliferación de las pseudociencias en Rusia. En el periódico Izvestiya, el 17 de julio de 1998, estos 32 académicos se manifestaron «contra la proliferación de la astrología, parapsicología y la videncia» tras la caída de la URSS.

Investigaciones

Se ha dedicado especialmente a la historia de la filosofía alemana, publicando monografías sobre Kant, Hegel, Schelling, así como innumerables artículos sobre Marx y Engels.

Cita

«Las formas de lo racional son cualitativamente diversas. No sólo es el pensamiento cognoscente, la ciencia, el arte, sino también la experiencia cotidiana e histórica, el comportamiento de los hombres, por cuanto responde a determinadas condiciones y normas, así como las formas de organización racional de la actividad humana es la producción material, cuyas peculiaridades fundamentales, mutatis mutandis, también corresponden a otros tipos de actividad humana razonable.

Marx señalaba que en el proceso de trabajo el hombre “realiza su propio objetivo, del cual tiene consciencia, que determina, como una ley, su modo de acción y al cual debe subordinar su voluntad”. Esta última se define como la “voluntad adecuada”, subordinada a móviles razonables. El trabajo, como actividad consciente y racional, se caracteriza por tener un plan interno, porque regula, mediatiza y controla el metabolismo entre el hombre y la naturaleza, por la modelación mental de las acciones proyectadas y la anticipación ideal de sus resultados. Si además se toma en cuenta que el trabajo es, por su naturaleza, una actividad socialmente necesaria, es evidente que se lo puede enfocar como paradigma de lo racional». T. I. Oizerman, «Lo racional y lo irracional», Problemas del Mundo Contemporáneo, núm. 60, 1979, Págs. 32-33.

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